Hoy en día es común escuchar sobre los picos de insulina y la importancia de evitarlos, pero, ¿sabes exactamente qué son y qué los provoca?

Para entender los picos de insulina, primero debemos saber qué es la glucosa. La glucosa, erróneamente conocida también como “azúcar en sangre”, es la principal fuente de energía del cuerpo y la obtenemos de los diferentes alimentos que consumimos. Durante el proceso de descomposición, la glucosa proveniente de los alimentos entra al torrente sanguíneo y se transporta a las células para producir energía.

La ingesta de alimentos, especialmente carbohidratos, aumenta la glucosa en sangre, desencadenando el proceso de la insulina. La insulina, una hormona digestiva secretada por el páncreas, metaboliza la glucosa en sangre convirtiéndola en reservas de energía en el cuerpo, tanto en el hígado como en el tejido graso. Por eso, algunos alimentos ricos en carbohidratos se asocian con el aumento de grasa corporal. El cuerpo almacena energía ante la incertidumbre de cuándo la necesitará.

Tras regular la cantidad de glucosa en sangre, la insulina vuelve a su estado basal, demostrando que glucosa e insulina siempre van de la mano.

Picos de Insulina

La glucosa y la insulina están relacionadas, por lo que un aumento de glucosa en sangre implica un incremento de insulina. Esto ocurre con cada comida, siendo normal tener picos de insulina, incluso necesarios para el funcionamiento del cuerpo. Por nuestra rutina alimenticia, es común tener al menos tres picos de insulina al día: desayuno, comida y cena.

Aunque son normales, los picos de insulina pueden ser perjudiciales si hay un exceso o déficit de insulina. Un déficit implica que más glucosa de la necesaria permanece en el torrente sanguíneo, mientras que un exceso puede reducir demasiado la glucosa en sangre, impidiendo el correcto funcionamiento del cuerpo.

Un constante aumento de los picos de insulina puede dificultar que esta regrese a su estado basal. Si consumimos muchos carbohidratos de manera continua, la insulina no termina de procesar la glucosa de una ingesta cuando ya debe comenzar con la siguiente, sobrecargando al páncreas.

¿Cómo Ayudar a la Insulina?

Primero, los hábitos alimenticios son clave. Esto no significa eliminar los carbohidratos, sino buscar un balance. Combinar carbohidratos con proteínas o grasas ayuda a la insulina a trabajar menos y genera una curva de insulina más suave. Asimismo, evitar largos periodos de ayuno previene la sobrecarga de insulina.

El ejercicio es otro aspecto crucial. Al movernos, la demanda de insulina disminuye, ya que la glucosa se utiliza como energía. Cualquier tipo de ejercicio es beneficioso, siempre que lo disfrutes.

En resumen, se trata de encontrar un equilibrio entre lo que comemos y cómo nos movemos. Recuerda que cualquier cambio en tu alimentación debe hacerse con la orientación de un profesional.

Por María Del Castillo

Soy María del Castillo Gutiérrez, licenciada en Nutrición y Maestra en Gestión Directiva en Salud. Me apasiona ayudar a las personas a llegar a sus objetivos, hacerlos conscientes de algo que no sabían que estaba ahí y ayudarlos en los procesos necesarios para sanar su relación con la alimentación. Creo firmemente que la alimentación va de la mano con las emociones y que no podemos abordar una sin la otra.