El confinamiento y el distanciamiento social puede jugarle trampas mortales a nuestra mente. Ansiedad, angustia, depresión, melancolía, pueden ser malas compañías en esta cuarentena. Por eso es importante que los profesores presten atención a cualquier señal de sus alumnos.

El bienestar emocional de los y las estudiantes es un bien en sí mismo, por el que siempre debemos velar como sociedad. Además, ese bienestar es una condición necesaria para el aprendizaje: ¿cómo puede aprender un estudiante estresado?

Por lo demás, todo proceso educativo debe considerar la integralidad de cada estudiante. Ser una oportunidad y no una carga. Una puerta a la imaginación, la curiosidad y el asombro. En definitiva, la educación esencialmente considera el bienestar e individualidad de los y las estudiantes.

Por lo mismo, en tiempos de coronavirus es fundamental no solo ofrecer contenidos sino contención. Así, es clave escuchar y entender la realidad de las familias, para proponer orientaciones flexibles y logrables dentro de su cotidianidad y con sus limitaciones. 

Asimismo, es relevante que los y las apoderados comprendan el rol, tiempos y sentido del ejercicio docente, evitando presiones indebidas.

Además, para que los y las estudiantes cuenten con el respaldo socioemocional necesario, los y las maestros también deben cuidarse. Los espacios de contención y apoyo entre los docentes, son fundamentales.

En definitiva, los y las estudiantes no olvidarán jamás este tiempo extraordinario que vivimos. Por lo mismo, con la orientación e interacción de profesores y profesoras –y la colaboración de apoderados y cuidadores–, es posible aprovecharlo, para promover aprendizajes amplios y significativos que podrán marcar sus vidas para siempre.

Por galuvi

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