En tiempos de cuarentena, papás, niñas y niños, colegiales, universitarios, están haciendo malabares para comer, arreglarse y asistir a las clases en línea, todo desde el mismo espacio. Mientras, los profesores se las están arreglando para adaptarse a un modelo que no todos conocían.
Lo primero es considerar el uso de programas adecuados para acciones de enseñanza online. Muchas plataformas no permiten retroalimentación, demostración, interacción, resolución de problemas en equipos, secuencias de actividades, screencast, clases en vivo o evaluación entre pares.
Si no se cuenta con plataformas robustas de e-learning, es aconsejable combinar algunos programas gratuitos como Zoom (para clases hasta 40 minutos), OBS (para filmar pantalla), Google Forms (para responder cuestionarios) u Openshot (para editar videos).
También es recomendable la entrega de contenidos en forma asincrónica. Aunque parezca inicialmente más trabajo, grabar un PPT con la voz del o la docente en cápsulas de 10 a 30 minutos máximo, subir una lectura clave o compartir un apunte sobre el tema de la clase son formas de disponibilizar el contenido para todos, aunque no tengan acceso estable a internet o deban ocuparse de otros asuntos a la hora de la clase.
Por otro lado, se debe considerar reducir los encuentros sincrónicos al mínimo, hasta la mitad de las sesiones programadas para el curso. En las que sí hay sincronía, las sesiones debe haber interacción entre los participantes, en tareas y preguntas, más que transmisión de contenidos.
Herramientas como las salas de trabajo de Zoom o los documentos de Google Drive que permiten escribir colaborativamente y ponerse de acuerdo mediante un chat cumplen adecuadamente esta función.
Tampoco se recomienda subestimar el tiempo que toma hacer una lectura. En esta situación excepcional, hay que dosificar y seleccionar las lecturas esenciales. Leer académicamente implica habilidades complejas que toman más tiempo del que estimamos. Además, no olvidemos que las y los universitarios cursan entre 5 y hasta 7 asignaturas en paralelo”
Con clases on line mantener la comunicación es relevante, pero sin saturar con tareas y mensajes. Es necesario escuchar las necesidades de los estudiantes (por ejemplo, mediante encuestas) y dar instrucciones claras y sencillas de qué se espera en cada tarea, pero cuidado: si los estudiantes reciben 20 mensajes y otras tantas tareas por día de sus profesores, la dinámica no será sostenible.
Aprovechar el potencial de la escritura para el aprendizaje, también es importante. Sin olvidar el punto anterior, la elaboración de trabajos diversos, con temas, propósitos y destinatarios distintos, de forma individual o colaborativa, en formatos distintos (blogs, mapas conceptuales, tweets, videos, audios), representa una oportunidad para movilizar y transformar aprendizajes en este nuevo entorno.
La transformación de las formas tradicionales de enseñanza presencial y las necesidades afectivas y motivacionales de la comunidad educativa deben guiar las decisiones pedagógicas en estos tiempos inciertos. Es necesario reducir la carga académica al mínimo necesario y ofrecer modalidades diversas de participación. En aprendizaje, cantidad y calidad no son equivalentes.
