El valor insustituible y creatividad de los y las docentes siempre ha sido demostrado, pero el coronavirus vino a dejarlo bien claro.
Ante temores, incertidumbres y también presiones de varios actores de la sociedad por una emergencia sanitaria que hacía mucho no veíamos, hemos apreciado una vez más el compromiso, sentido ético y creatividad pedagógica de los maestros y maestras del mundo.
Hoy, los profesores y profesoras siguen siendo los grandes mediadores de aprendizaje, ahora remotamente. A pesar de las barreras en accesibilidad informática y sin contar necesariamente con una formación en herramientas digitales, los y las docentes han buscado e inventado prácticas de trabajo a distancia.
Si bien muchos han utilizado herramientas digitales más sofisticadas, otros simplemente han aprovechado canales y aplicaciones ya conocidas por ellos mismos, sus estudiantes y familias, para facilitar el acercamiento a la enseñanza, como Whatsapp, Instagram o Facebook.
Incluso algunos en zonas rurales se han organizado, a través de sus colegios, con las autoridades locales y el Estado central para llevar material pedagógico a los hogares.
Pero más allá del medio utilizado, lo más destacable ha sido la creatividad para adaptar contenidos y prácticas, manteniéndose conectados con sus estudiantes.
Así que la próxima vez que veamos a un maestro o a una maestra en una pantalla de zoom o en un mensaje al grupo de papás de Whatsapp, digamos simplemente: «gracias». También son nuestros héroes porque, al igual que todos, se están esforzando.
