La autoexigencia tiene que ver con el punto en el que empezamos a sentirnos satisfechos con nuestro rendimiento.

Para visualizarlo mejor, pensemos en Lisa Simpson: su presión por hacer las cosas bien le trae grandes dificultades a la hora de mantener la calma o entregarse al placer.

Lisa termina aislándose de sus padres y hermanos, amantes de la parrillada, ella está convencida de que su postura es la idónea 

Las personas con una autoexigencia desmesurada suelen imponerse a sí mismas objetivos que salvo milagro no alcanzarán, o lo harán a un coste muy alto.

El perfeccionismo está asociado a la autoexigencia, con el afán por alcanzar la excelencia y la persecución por cumplir a rajatabla con los deberes da cuenta de una personalidad hiperautoexigente. 

La exigencia puede ser una gran motivadora y nuestra gran aliada, sin embargo, un listón a una altura demasiado alta puede conseguir todo lo contrario.

Por galuvi

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