Suele decirse que el narcisista es como un vampiro capaz de devorar todo lo bueno que hay en el otro ya que falsean, manipulan y humillan a sus parejas.
Estamos ante una realidad psicológica que entra dentro de un espectro. Hay quien presenta un perfil más patológico (y peligroso), mientras otros evidencian un comportamiento más sutil, pero a la larga dañino también.
Hay quien señala que son el subproducto de nuestra actual modernidad ya que son demasiado egoísta, demasiado focalizada en la autogratificación, en esa ansia por tener el centro atención.
Un estudio de la Universidad de Princeton habla de esos padres que educan sin límites, asentando los pilares de una autoestima dañina que solo se nutre de la admiración ajena.
El narcisismo lo quiere todo y todo se lo queda, al final el complaciente queda agotado, humillado y sin recursos, también las personas muy empáticas pueden sentirse atraídas por este perfil dañino, ya que son hábiles para comprender las emociones ajenas.
Si tú tienes una pasión, ellos también la tienen, en caso de que te preocupe algo, ellos se preocuparán mucho más y te harán creer que tienes razón.
