La música ha sido una de las creaciones humanas más bellas y que más emociones transmiten, desde la época barroca se sabe que las claves mayores y los tiempos rápidos causan alegría; al mismo tiempo que las claves menores y los tiempos lentos producen tristeza.
El psicólogo sueco-estadounidense Carl Seashore publicó un libro que es un clásico de la psicología Psychology of Music y afirmó que “la música es esencialmente un juego de un sentimiento sobre un sentimiento”.
En la vida cotidiana podemos sentir tristeza o ansiedad cuando perdemos algo importante para nosotros o sentimos miedo de algo, respectivamente.
Las canciones pueden prescindir de la idea de la pérdida o del peligro para hacernos experimentar de forma intensa emociones relacionadas con la tristeza o la ansiedad.
Los seres humanos somos capaces de atribuir valor estético a emociones musicales muy diversas, como la tristeza, el agobio o el miedo son emociones que, además, intentamos evitarlas en la vida cotidiana y nos aferramos a ellas.
También se ha visto que el cerebro responde ante la música agradable con un incremento de ondas theta y una disminución de ondas alfa.
Las emociones musicales desagradables activan mucho determinadas zonas del cerebro, en concreto las regiones derechas frontopolares y paralímbicas.
La musicoterapia es una modalidad terapéutica que podría ser útil en trastornos como el TDAH, las demencias, el Párkinson o la epilepsia.
