Es más habitual comenzar a buscar en las experiencias personales y el mundo interior sin embargo, por mucho que lo ignoremos en nuestro análisis a la hora de hacer atribuciones, el espacio físico que nos rodea influye en cómo nos sentimos.
Si bien la vivienda condiciona la conducta, esto no significa que la determine, es obvio que hay otros factores tan o incluso con más peso en este sentido.
Cuando se habla de la influencia del contexto es necesario hacerlo en tres dimensiones: entono mental (creencias, valores, formación, información, etc.), entorno personal (familia, pareja, amigos, compañeros de trabajo, etc.) y entorno material.
Un estudio llevado a cabo en América Latina, en 2011, encontró una relación directa entre la habitabilidad de la vivienda y los patrones de convivencia familiar.
Los investigadores encontraron que cuanta más luz, menos ruido y menor hacinamiento, más armónicas eran las relaciones familiares y viceversa.
Quienes habitan una casa que les resulta agradable y en la que pueden tener espacios de privacidad muestran ser personas que logran equilibrar sus emociones con mayor facilidad.
