Esos momentos en los que todo lo que te rodea es, en esencia, oscuridad, cuando todo parece ir en tu contra es normal que te bloquees, e incluso que viejos fantasmas parezcan resucitar.
Los acontecimientos negativos no son buenos; lo que no impide que puedan serlo de manera parcial aquello de que no hay mal que por bien no venga o que terminen siendo la oportunidad para aprender.
En un contexto de dificultad, los seres humanos pueden actuar en sentidos opuestos; algunos entregan totalmente el control de lo que les sucede, mientras otros emplean toda su energía en actuar sobre aquellas variables.
La resiliencia da lugar a conductas y procesos de pensamiento que son muy útiles en situaciones en las que las fuerzas que nos rodean no favorecen nuestros intereses.
Las personas resilientes no son aquellas que van por la vida con una coraza, ni aquellas que son incapaces de mostrarse vulnerables, son aquellas que sufren heridas y precisamente muestran su resiliencia, su habilidad a la hora de desinfectarlas, vendarlas y cuidarlas.
La invulnerabilidad hace referencia a la resistencia absoluta a las consecuencias negativas que a veces acarrea la existencia, ser resilientes y tolerantes a la frustración implica saber convertir los momentos duros de la vida en oportunidades para crecer y desarrollarnos.
