Durante el confinamiento, muchísimas personas y empresas están organizando actividades para mantenernos entretenidos en casa, especialmente durante los fines de semana sin bares ni paseos.

 Pero, a medida que pasa la novedad y nos acostumbramos a la situación, puede que nos aburramos o que no sepamos qué hacer. Y puede que necesitemos no hacer nada.

No tiene nada de malo: pasar algún que otro día tumbados en el sofá es positivo y necesario.

Como explica el doctor Lorenzo Armenteros, miembro del grupo de trabajo de salud mental de la Sociedad Española de Médicos Generales, el aburrimiento tiene una parte positiva.

De entrada, “nuestro cerebro necesita descansar”. Especialmente en una situación compleja como la actual, en la que podemos estar preocupados por los nuestros y leyendo información todo el día.

Pasar un buen rato sin hacer nada ayuda a “disminuir el nivel de estrés”, en un efecto que Armenteros compara al de la meditación.

La pereza también tiene efectos positivos en nuestra imaginación y creatividad: cuando no hacemos nada (o cuando parece que no hacemos nada), se activa la red neuronal por defecto de nuestro cerebro.

Este sistema neuronal es el que nos ayuda a divagar y a soñar despiertos, como escribe el neurocientífico Andrew Smart en El arte y la ciencia de no hacer nada. Esto a su vez tiene efectos positivos en nuestros procesos emocionales y sociales, y nos ayuda a tener ideas e intuiciones originales.

Darnos permiso para descansar

No tenemos por qué sentir remordimientos si necesitamos pasar un día o un fin de semana tumbados sin hacer nada. De hecho, tal y como explica Armenteros, ponernos demasiados objetivos (ordenar los armarios, aprender a cocinar, escribir una trilogía de novelas de ciencia ficción) puede ser contraproducente, al crearnos aún más tensión.

Losada también advierte del peligro de caer en la necesidad de estar “siempre rindiendo y cumpliendo con ciertos estándares”. Este psicólogo explica que podemos “darnos permiso” para buscar las soluciones que funcionan mejor para nosotros, incluido el descanso. Y añade: “No hay fórmulas mágicas”.

Aprender a aburrirnos

El filósofo Blaise Pascal escribió que “todos los males de los hombres vienen de una sola cosa: de no saber quedarse tranquilos en una habitación”. Ahora muchos de nosotros estamos obligados a esto mismo, a quedarnos tranquilos en casa.

El doctor Armenteros propone aprovechar este momento “duro y dramático” para reevaluar algunas de nuestras actitudes y valorar “el silencio y el tiempo en el que no hacemos nada, que nos puede hacer recuperar cosas olvidadas, como la creatividad y la imaginación”.

Como escribe el filósofo Lars Svendsen en su Filosofía del tedio, el aburrimiento puede suponer “un momento de reflexión sobre uno mismo, de contemplación de la propia situación en el mundo”.

Por galuvi

Información divertida, ligera y entretenida, sin dejar de lado los datos útiles y relevantes. Historias que nos inspiran para hacer del mundo y nuestro entorno un lugar mejor; hallazgos asombrosos, triunfos y éxitos compartidos.