Pocas experiencias son tan frustrantes como convertirnos en buscadores de la felicidad, muchos dirán que todo se debe a esa cultura de la autoayuda que nos convence de que nuestra misión en la vida no es otra que encontrar el bienestar máximo.
El problema es que, a veces, cuando nos involucramos en actividades, relaciones o experiencias que, supuestamente, traen el bienestar, de pronto sentimos frustración, vergüenza o incomodidad.
El efecto boomerang de la felicidad define esas realidades en las que uno se lanza esperando experimentar plenitud, y lo que le devuelve la vida es frustración, desánimo y hasta infelicidad.
Compartir tiempo con amigos, expresar gratitud, ayudar a alguien, disfrutar del tiempo libre o incluso enamorarnos son situaciones que maximizan el bienestar y que nos traen felicidad.
Todos hemos sufrido el efecto boomerang en piel propia infinidad de veces, hay quien se esfuerza lo indecible por aspirar a un trabajo y cuando lo consigue, se encuentra con un entorno laboral y unas condiciones opresivas.
Aceptemos la imprevisibilidad de la vida y que, por mucho que lo deseemos, no podemos controlar todo lo que nos rodea, la existencia es compleja, casi tanto como el ser humano.
