Hablamos de una forma de pensar que aplica un filtro sobre la percepción de la realidad y sobre las predicciones que la persona hace de ella.
Se cree que viven en el peor mundo posible, rodeado del peor entorno y con unos recursos que, más que facilitar su adaptación, la dificultan.
En una persona pesimista suele preponderar la tristeza, pero no es obligatorio que ambas vayan unidas sin embargo, sí que es cierto que la pena suele acabar por aparecer.
Por otro lado, es una forma de pensar que se puede dar ante ciertas injusticias o situaciones, pero que no sea el día a día de la persona pesimista.
Buscan la verdad… Siempre negativa
Un aspecto positivo del pesimista es que suele preferir la verdad a que le endulcen con una mentira. Lejos del “ojos que no ve, corazón que no sienten”, prefieren otra versión.
Lo negativo siempre es el centro de atención
Por un lado, puede ser positivo por su capacidad para la denuncia social, por ejemplo; pero pensar siempre en lo negativo termina por pasar factura.
Sus expectativas son siempre bajas
Rara vez se pasaran ajustando las expectativas por encima, de manera que la realidad casi siempre les sorprenderá en positivo.
Viven más procesos de duelo
Las personas pesimistas viven más procesos de duelo, además de las pérdidas reales que tienen que afrontar se tienen que enfrentar a las pérdidas que anticipan.
Una actitud que puede estar latente o utilizarse de manera inconsciente
El pesimismo no está bien visto socialmente (aún menos desde que la psicología positiva está tan de moda), por lo que las personas que utilizan este filtro tienden a ocultarlo.
Lo que sí dice la ciencia es que un optimismo contenido parece ayudarnos, sobre todo en el afrontamiento de problemas, aunque solo sea para alinear a nuestro favor el fenómeno de la profecía autocumplida.
