Los adolescentes de hoy en día reflexionaran sobre sus conductas, descubrirían que, para muchos de ellos, lo más relevante es tener conexión a internet y un móvil.
Si bien los expertos recomiendan que la edad más adecuada para tener un dispositivo sea a los 15 años, lo cierto es que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 66 % de los niños entre diez y quince años ya dispone de un teléfono.
La tecnología está provocando un aislamiento cada vez más acusado en los adolescentes ya que se relacionan menos con su entorno y, en especial, con su propia familia.
Cuando un niño llega a la preadolescencia es común que reclame sus propios espacios, poder contar con refugios exclusivos en los que tener privacidad forma parte de su propio desarrollo psicosocial.
El problema es que, a menudo, erigen en ese territorio un hogar paralelo y aislado dentro de la propia casa familiar.
Los seres humanos somos criaturas sociales y si hay algo que motiva y hace feliz a un adolescente es salir con sus amistades sin embargo, una parte de nuestros chicos y chicas pasan más tiempo en sus habitaciones, pegados a una pantalla.
El cerebro en la adolescencia atraviesa por un periodo clave en su desarrollo. Su arquitectura neuronal sigue formándose y son muchas las áreas que no terminarán de asentarse hasta pasados los 20 años.
Muchos descubren la vida y empiezan a forjar su identidad en la soledad de sus habitaciones y ante una pantalla ya que habrá adolescentes que se enriquezcan de ello, que les resulte positivo.
Una de las mayores cuentas pendientes que tenemos con nuestros adolescentes es ofrecerles mecanismos para una utilización más saludable de las redes sociales.
