Les sucede a muchas personas con buenas intenciones: alguien de su entorno tiene problemas y es evidente que necesita ayuda profesional sin embargo, se resiste a pedir esa ayuda. Se piensa entonces que la terapia obligada puede ser una buena opción.

La terapia obligada es impuesta, sobre todo, a los niños, tampoco es raro que uno de los cónyuges quiera imponer al otro que la realice. 

El llanto frecuente no es necesariamente un indicador de depresión, los nervios tampoco son la manifestación inequívoca de que existe un trastorno de ansiedad.

A veces la necesidad de terapia está más dada por un sesgo personal al interpretar la conducta de otro, también es posible que sea una conclusión lógica, nacida de una observación imparcial. 

No es raro que la pareja o la familia terminen eludiendo sus propias dificultades o responsabilidades acudiendo a la estrategia de enfocar toda la atención en la “persona-problema”. 

Lo recomendable es proponer la terapia como posibilidad, e incluso exponer sus beneficios, sin obligar al otro a tomar este sendero salvo que, después de un análisis realmente interno.

Por galuvi

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