Es un hecho indiscutible y del que tendrás referencia en tu memoria de hecho, aunque dentro de tus valores morales se encuentre la honestidad como principio axiomático, es posible que aceptes mentir en algunas ocasiones.
En ocasiones, es complicado diferenciar a una persona que miente a menudo de otra que padece mitomanía, un cuadro en el que podríamos hablar de mentira compulsiva.
La mentira no es esencialmente mala, se puede mentir para que una persona no descubra su fiesta sorpresa o para librarse de alguien que solo te va a traer desgracias a tu vida.
¿Qué hay en la mente de las personas que mienten sin necesidad?
- Necesidad de aprobación
Esta es una de las motivaciones más frecuentes de la mentira, pero en el caso que nos ocupa no existe una presión real del entorno para que se produzca.
- Se da importancia a los contenidos de las mentiras
Una persona miente a sus amigos diciendo que tiene mucho dinero, contexto social en el que el estatus económico no tiene importancia.
- Sensación de falta de control
Puede parecer algo absurdo, pero las historias inventadas están bajo el control del narrador, la realidad no.
Por eso, a la hora de contar, por ejemplo, una anécdota, modificarla o contarla de manera “fantasiosa».
- La invención de hoy es la continuación de la mentirijilla de ayer
A veces, las mentiras que ya están muy alejadas de la realidad que podría mantenerlas ocultas son el millonésimo paso de aquella que se contó hace tiempo y no se puede destapar.
- Se cuenta lo que se querría que fuera verdad
Aunque parezca inverosímil, repetir una mentira muchísimas veces puede acabar convirtiéndola en verdad colectiva.
- Para la persona que la enuncia no es una mentira
Al final, la realidad que sale de nuestras bocas es un mensaje que ha pasado por los filtros de la percepción física, del procesamiento mental y de la capacidad memorística.
Al fin y al cabo, la única verdad que conocemos es la mentira común que todos percibimos a través de los sentidos.
