Asumimos casi desde niños que la necesidad de ser entendidos es una prioridad ya que queremos que los demás comprendan lo que pensamos, que conecten con nuestras necesidades y realidades particulares.
Ni siquiera nuestros padres llegan a comprender muchas de nuestras formas de actuar, de nuestras pasiones, matices singulares y rasgos de personalidad.
A pesar de ello, en ocasiones muchas de las personas que apreciamos no congenian con aquello que expresamos o sentimos y eso nos duele y nos frustra.
Todos tenemos en mente alguna experiencia similar esa en la que alguien nos miró con incredulidad incapaz de congeniar con lo que nos sucedía o le estábamos diciendo, nos ha pasado con desconocidos y también con personas más cercanas.
Buena parte de las personas necesitan sentirse validadas, aceptadas, recibir aprobación externa y esos refuerzos sociales que a fin de cuentas tan bien nos hacen sentir.
Puede que nuestra pareja, amigos o familia no siempre comprendan por qué hacemos ciertas cosas, por qué reaccionamos de tal modo o por qué le damos tanto valor a unas cosas y no otras.
Cada uno de nosotros, a fin de cuentas, seguimos probándonos cada día, descubriéndonos, desafiándonos, en cada paso nos comprendemos un poco más o bien, nos sorprendemos descubriendo algo nuevo.
Liberarnos de la necesidad de ser entendidos en cualquier situación y circunstancia nos permitirá caminar más ligeros reducirá cuotas de sufrimiento y nuestras relaciones serán más satisfactorias.
