Personas que sufren, que admiten que necesitan ayuda y que, finalmente, dan el paso de acudir a terapia ya que para muchas, además, supone un esfuerzo económico y emocional adquirir los servicios de un profesional de la psicología.
Una vez que la persona se ha decidido abordar tu problema y pasar por todo lo bueno y lo malo de la terapia y más sabiendo que el profesional con el que te estás viendo no te va a juzgar.
Para abrirse en terapia y poner todos los problemas sobre el diván, es necesario que la determinación psicológica y la emocional estén en consonancia.
- No se ha establecido una correcta relación psicólogo-paciente
Hay que recordar que los profesionales de la psicología también son personas y que, como tales, no siempre encajan con todo el mundo, incluyendo a los pacientes.
- Se experimenta rechazo hacia la terapia
Es necesario recordar también que no todas las personas acuden de forma voluntaria al psicólogo por eso, la mentira es una manera muy común de desafiar a las personas que les han llevado allí.
- Por vergüenza
Aunque se establezca desde el principio que el psicólogo no está ahí para juzgar, algunas personas mienten en terapia porque no son capaces de deshacerse de la vergüenza que sienten por sus actos o sus pensamientos.
- Por deseabilidad social
Relacionada con el apartado anterior está la deseabilidad social o, dicho de otra manera, la necesidad de crear una imagen positiva de la propia persona.
- Existe una falta de introspección
Al final, el proceso terapéutico pone al paciente frente a frente con sus temores, sus ideas distorsionadas y con sus dinámicas insanas.
Por eso, si estás desde el lado profesional, asegúrate de producir un ambiente propicio para que el paciente se abra, si eres una de esas personas que mienten en terapia, recuerda que estás aquí para volver a ser feliz y tener paz.
