El síndrome del Titanic no describe ninguna condición ni trastorno psicológico, es solo un sentimiento, una sensación que nos embarga cada vez con más frecuencia en los últimos años.

Casi sin saber cómo se ha desvanecido nuestra inocencia, los libros sobre felicidad ya no convencen tanto como antes y empieza a reinar el escepticismo e incluso la desconfianza.

Los cambios que estamos viviendo últimamente están despertando miedos dormidos en muchas personas, son temores instintivos, de los que nos susurran que tal vez, todo aquello que dábamos por sentado puede variar y transformarse.

El término síndrome del Titanic surgió en el 2006 a raíz de una publicación: El miedo líquido, del filósofo Zygmunt Bauman. 

Durante muchos años, las personas llegamos a creer que la actual modernidad sería el reflejo más nítido de nuestro progreso ya que focalizamos en este nuevo milenio la idea de que por fin dejaríamos atrás los sinsabores de la desigualdad.

El síndrome del Titanic no define en exclusiva el miedo del ser humano ante la sensación de que el mundo que conoce vaya a derrumbarse. 

Nosotros estamos casi en la misma situación, navegamos por un océano en constante cambio y tomamos decisiones basadas solo en ese entorno cercano en el cual, todo es seguro. 

El síndrome del Titanic es un concepto de plena actualidad en el que vale la pena reflexionar, en tiempos de incertidumbre, hay una sola certeza que nunca debemos perder de vista: la confianza en nosotros mismos.

Por galuvi

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