Las nuevas generaciones y la pandemia trajeron habilidades nuevas a las que tuvimos que adaptarnos o quedar relegados.
Hablamos de la ecoansiedad, de síntomas físicos referidos al uso de los ordenadores, problemas posturales, de visión, patologías propias del estrés y del ámbito laboral.
La renuncia silenciosa no es ni más ni menos que el producto de la combinación entre el estrés sostenido y el burnout.
El quiet quitting se extendió a todas las personas que ocupan cargos de trabajo, llegando a valorizar momentos de la vida a partir de lo volátil que resultó la misma durante la pandemia.
Hoy en día el estrés es un tema de salud pública, en donde Vivimos de manera tal que nos sentimos en estado de alerta casi todo el tiempo.
El quiet quitting no es ni más ni menos que lo que en algún momento fue el llamado trabajo a reglamento, es decir, responder al trabajar por lo que me pagan.
Es necesario un cambio en la dinámica empresarial para sanear la salud mental de los empleados, reducir las enfermedades producto del estrés como la hipertensión, la obesidad y el insomnio.
