Este es un hecho muy recurrente que suele acabar con la paciencia de las mamás y los papás ya que el cansancio en los más pequeños intensifica las conductas desadaptadas o negativas.

Cuando los niños están cansados, tienen hambre o están aburridos, aumentan las conductas negativas ya que sus emociones son tan intensas y desbordantes que los sobrepasan. 

El cerebro de un niño aún no ha madurado, esto significa que tienen muy pocos recursos para ejercer el autocontrol. 

Cuando el niño está cansado lo que hacen es reaccionar de la manera menos adaptada y dejarse llevar por lo que sienten, por ese torbellino interno. 

El cansancio, la frustración y el hambre pueden hacer que se vuelvan más irritables, también que tengan problemas para centrar su atención y obedecernos.

Los niños echan en falta sus atenciones y esto se traduce muchas veces en frustración y en conductas desmesuradas ya que se sienten aburridos, tristes y decepcionados. 

Para evitar estos comportamientos es recomendable que los pequeños tengan tiempo de descanso y momentos para el juego. 

Por galuvi

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