A veces la vida te presenta encrucijadas en las que cualquier decisión que tomes no es la mejor, la que a ti te gustaría o la que te dejaría mejor parado. Digamos que son esos momentos en los que tienes que optar entre lo malo, lo peor y como decía mi Profesor Pedro Antonio “lo más piors” (que eso ya era otro nivel muy por arriba de lo peor), y aunque puesto así obviamente dirías “bueno, es mejor optar por lo malo”, no siempre está tan claro qué es lo menos “piors” como para optar por ello.

No siempre se puede decidir por la mejor opción, porque tal vez no exista en ese momento, y también puede ser que cuando tenemos que elegir tampoco tengamos las mejores condiciones para hacerlo para obtener los mejores resultados.

¿Qué hacer cuando dentro de las opciones que tenemos realmente ninguna es “la opción”?

Podríamos hacer el ejercicio de aceptar que por el momento las cosas son así y que no siempre pueden ser de la manera en que a nosotros nos gustaría, que no todo tiene que salir bien y fantástico todo el tiempo, y tampoco es obligación “sacarle” lo positivo ni el aprendizaje a la experiencia (a veces sólo se necesita dejarlo ir y a otra cosa).

Considerar que lo que anticipamos como resultado de esa decisión puede que no sea tan malo y salga mejor de lo planeado, e incluso confiar en que cual sea el resultado podremos resolverlo o manejarlo. Tener en cuenta que es posible ir tomando otras decisiones bajo la marcha que vayan amortiguando los efectos de la decisión inicial, e incluso considerar que las condiciones y circunstancias pueden ir cambiando y con ello ir modificando los resultados.
Y aunque suene un poco a consejo light, no perder de vista “dentro de lo malo, lo bueno” podría hacer una diferencia en la manera en la que vamos enfrentando los resultados y como nos vamos sintiendo con ello, de tal forma que podamos ir manejando la ansiedad, la frustración y el enojo conforme vayan apareciendo.

Nunca estará de más, tener un espacio o actividad que nos produzca bienestar y al que podemos recurrir para tomar aire y recargarnos para volver a estar listos y enfrentar lo que siga y lo que haga falta.

Agregaría una última idea, una vez que has tomado la decisión cualquiera que esta sea, soltar y confiar (incluso aunque sea difícil de hacer al principio y no sepas cómo) que tú eres capaz puede dejarte en un mejor lugar.

Y tú ¿cómo te enfrentas a la elección de opciones que parece que no lo son?

Por Déborah Buiza

Especialista en Desarrollo Humano, con formación en la UNAM en las áreas de Ciencias de la Comunicación y Psicología, con experiencia en investigación, capacitación, psicoterapia, conducción de grupos, operación de proyectos sociales, desarrollo organizacional y clima laboral, seguimiento a programas institucionales, organización de eventos, makeup artist y mamá sin instructivo.