Idealización del pasado
Cuando sientes que el ayer eclipsa el momento actual de una forma recurrente, puede suceder que hayas caído en la trampa de la idealización mental. Desde esta perspectiva, magnificas los detalles bonitos de la realidad de aquel momento e ignoras todo aquello que no era tan perfecto. Esto hace que vivas con una constante tendencia hacia la comparación entre el presente y el pasado. Y cuando estableces esta asociación entre ambos elementos, entonces, sientes que lo que ocurre ahora no está a la altura de las circunstancias de aquel momento.
La idealización suele darse más en concreto en el ámbito sentimental como ocurre en el caso de aquellas personas que viven pendientes del recuerdo de un primer amor que sienten como inolvidable.
Del mismo modo, la idealización del pasado también está vinculada con la identificación de la juventud como el escenario más importante de la existencia humana. Quienes sienten que la pérdida de juventud representa algún tipo de pérdida de brillo vital, entonces, son más vulnerables ante el riesgo de una idealización que resta alegría.

Olvidar el pasado y perdonar
En aquellos casos en los que no olvidar el pasado supone revivir un desengaño anterior y esta situación vuelve a traer al presente la fuerza de la ira y el rencor, entonces, el afectado no consigue romper este nudo porque no ha perdonado lo ocurrido. Perdonar no significa olvidar literalmente lo que pasó, es decir, borrar aquel suceso.
Nadie puede hacerlo porque la memoria conduce al recuerdo. Sin embargo, el perdón es necesario para que la persona no siga atada emocionalmente al ayer. Es decir, este gesto emocional es una base fundamental para la libertad.
En muchos casos, esta incapacidad para olvidar el pasado y vivir el presente como consecuencia de esta cuestión tiene que ver con la propia actitud de quien se posiciona como víctima de la mala suerte.
Por qué no puedo olvidar el pasado
Cuando vives el pasado, te evades de tu responsabilidad de tomar decisiones en el presente. Tu pasado es una línea cerrada, conoces exactamente cómo se desarrollaron todos los acontecimientos qué ocurrieron en cada momento y cuál fue el desenlace de cada situación. Por el contrario, cuando tomas decisiones en el presente experimentas el efecto de la incertidumbre puesto que no controlas todos los ingredientes del mapa de la realidad. Por esta razón, pon especial cuidado en evitar este mecanismo de defensa que te lleva a protegerte de una posible decepción, por medio de la evitación de nuevas responsabilidades al utilizar el pasado como una excusa en lugar de como un aprendizaje.
Existen sucesos que por su dimensión y por su capacidad para marcar un punto de inflexión en tu propia vida también pueden producir este efecto de recuerdo recurrente hacia el ayer. Son sucesos que se convierten en una referencia personal por el impacto que tuvieron en ti más allá incluso de aquel momento.
En esos casos, el aprendizaje reside en tener la capacidad de recordar lo que pasó sin que esto te afecte emocionalmente cada vez que describes los pasos de este relato vivencial. Son sucesos que quedaron especialmente fijados en tu memoria por su significado.
Sentimiento de añoranza
Cuantos más años de vida tiene una persona, más motivos de nostalgia acumula en su interior. Y, además, por su propia edad también tiene una mayor tendencia para recordar el ayer ya que por ley de vida, alguien que ha superado los 60 años tiene más pasado que futuro.
