Hay personas que tienen el don de encontrar luz en los momentos más oscuros, hablamos de la capacidad de crecimiento postraumático.
Con frecuencia, la psicología se ha centrado en definir un cuerpo de entidades clínicas o trastornos a los que aplicar determinados tratamientos para su curación.
La focalización de la psicología en lo negativo ha llegado a ser tan alta como mínima la atención que se le ha prestado a las características positivas del ser humano.
Una rentabilidad que hay que entender al apreciar que la suma del dolor evitado por una experiencia profundamente dolorosa evitó otras que hubieran sumado más dolor y mucho menos aprendizaje.
Existen multitud de investigaciones que avalan que los seres humanos pueden resistir con inusitada fortaleza los embates de la vida y que incluso ante eventos extremos es posible emerger fortalecido, resistente y psicológicamente indemne.
Esto podría parecer paradójico y contradictorio, lo que evidencia la profunda quiebra que produce el trauma en el ser humano.
A pesar de que hay personas a las que les cuesta identificar elementos positivos en situaciones adversas, sabemos que en reproducirse en estos escenarios hay tres componentes fundamentales:
• Los desafíos que superamos consiguen con frecuencia que nos sintamos más fuertes, con una identidad mejorada
• Se producen cambios en las relaciones interpersonales
• Pueden darse cambios en la espiritualidad y en la filosofía de vida
