Las personas necesitamos confiar en la estabilidad de nuestros vínculos, saber que quienes nos quieren lo seguirán haciendo, incluso si no están presentes o a pesar de que se produzcan conflictos y discrepancias.
La falta de permanencia emocional nos hace sentir inseguros, en una constante cuerda floja, esta nos genera fuertes sensaciones de ansiedad, animándonos a ciertos comportamientos que atentan contra nuestros intereses.
La idea de permanencia emocional enuncia que las emociones siguen existiendo cuando no pueden ser observadas.
En cuanto a la permanencia emocional, a medida que crecemos aprendemos que los sentimientos tienen continuidad y que “fuera de la vista” no significa “fuera de la vida”. Sin embargo, para que esta comprensión se alcance.
Las personas con falta de permanencia emocional tienen dificultades para regular sus emociones ya que suelen alterarse emocionalmente con facilidad y les cuesta gestionar el conflicto.
Existe también una dificultad para recordar cómo se sintió una emoción que no sea la que está activa en ese momento, es decir, si la persona se siente triste, abatida o ansiosa, no recuerda que en algún punto sí se sintió alegre, tranquila o feliz.
No obstante, identificar la vulnerabilidad asociada a la impermanencia emocional te ayudará a ser un mejor gestor de tus emociones.
