Cada experiencia que vivimos a lo largo de la vida nos marca, pero si hablamos de abuso y trauma el impacto es aún mayor, ser víctima de violencia, física o psicológica deja una huella en el funcionamiento cerebral.
Es común ver a personas que encadenan una relación dañina tras otra, que parecen seguir un patrón de elección de pareja totalmente nocivo, pero que perdura en el tiempo.
En esta etapa la estructura cerebral toma forma y se sientan las bases de lo que será el funcionamiento mental de la persona.
Se ha encontrado que el maltrato puede afectar al desarrollo del cerebro y alterar la arquitectura cerebral.
Esto tiene las siguientes consecuencias:
• Dificultades para autorregular las propias emociones y conductas y para controlar los impulsos
• Déficits socio-perceptuales
• Problemas para mantener un equilibrio saludable entre introversión y extroversión
• Funciones ejecutivas comprometidas
• Riesgo aumentado de consumir drogas o padecer una variedad de trastornos psicológicos en la edad adulta
En definitiva, las víctimas de maltrato en cualquiera de sus formas tienen mayor riesgo de ser revictimizadas en el futuro.
Esta estará especialmente destinada a sanar el trauma y las heridas emocionales y a fomentar la adquisición de estrategias adecuadas para poder construir una relación saludable.
