Si eres una persona muy activa y productiva, es probable que ni siquiera hayas reparado en que esto pueda constituir un problema. Sin embargo, a continuación te mostramos algunas señales que indican que tu actitud puede no ser del todo saludable:

  • Tienes tu agenda totalmente apretada todos los días. No hay margen de maniobra, ya que cada hora está destina a una actividad desde que te levantas hasta que te acuestas.
  • Siempre estás activo y en movimiento. Descansar te parece una pérdida de tiempo o te incomoda bastante estar ocioso.
  • Cuando estás a solas, y sin nada que hacer, sientes que los pensamientos y las emociones te asaltan y te abruman. Para evitarlo, te pones en movimiento lo antes posible o te ocupas en alguna tarea.
  • Cuando ocurre algo negativo, discutes con otra persona, te sientes triste o disgustado o encuentras algo con que ocuparte para no pensar al respecto. Es tu forma de hacer frente a los problemas.
  • Normalmente, te sientes quemado, agotado o frustrado por tu ritmo de vida, pero te ves incapaz de parar o renunciar a algunas actividades.
  • Las personas a tu alrededor se han llegado a preocupar por esto o te han hecho notar que deberías bajar el ritmo.
  • Nunca dedicas tiempo a reflexionar sobre cómo te sientes, qué piensas o necesitas. No hay momentos de calma, tranquilidad y silencio en tu día a día.

Si te mantienes ocupado normalmente, has de saber que esto no tiene por qué ser malo. De hecho, tener metas y objetivos y trabajar por ellos con perseverancia y de una forma organizada es muy útil y beneficioso para la salud psicológica. El problema radica en utilizar esta estrategia como mecanismo de afrontamiento; es decir, cuando la evasión se convierte en tu modo de afrontar la adversidad o las dificultades.

Existen diversas estrategias de afrontamiento que las personas podemos poner en marcha. Algunas están enfocadas en el problema que nos atañe (con el fin de resolverlo) y otras en gestionar las emociones que la situación produce. Por otra parte, estas estrategias pueden ser reflexivas (analizar lo sucedido), reactivas (actuar impulsivamente) o supresivas (buscando evadir y evitar lo que ocurre).

Lo cierto es que no hay unas estrategias más eficaces que otras y todo depende del contexto. Por ejemplo, si está en nuestra mano resolver el problema es mucho más útil ponernos manos a la obra; pero, en caso contrario, lo mejor que podemos hacer es trabajar en la aceptación. Igualmente, distraernos y evadir la situación o las emociones incómodas puede ser útil en ciertos momentos, ya que nos permite calmarnos y tomar distancia.

Ahora bien, la evasión no puede ser nuestro único mecanismo o recurso ni utilizarse sistemáticamente en cada situación, pues esto genera problemas y consecuencias.

¿Por qué no es positivo optar por mantenerte ocupado?

Debemos recordar que las emociones no pueden reprimirse, suprimirse o ignorarse eternamente. Todas ellas cumplen una función y necesitamos escucharlas, sentirlas y transitarlas. De no hacerlo, nos estaremos perjudicando de varias formas.

  • En primer lugar, reprimir las emociones puede hacer que el cuerpo termine somatizando ese malestar que tratamos de ignorar y nuestra salud se vea afectada.
  • Al evadir lo que sentimos, perdemos la oportunidad de conocernos mejor, de saber qué necesitamos y actuar para mejorar nuestra situación. Si no nos permitimos reflexionar y sentir (por muy desagradable que sea), seguiremos actuando por inercia, en piloto automático y es probable que sigamos viéndonos envueltos en situaciones que nos dañan y nos desagradan. Si queremos crecer y mejorar como personas, es imprescindible tener la valentía de mirar hacia adentro y sentarnos con nosotros mismos.
  • Tus relaciones con los demás también pueden verse muy afectadas si optas por mantenerte ocupado en lugar de hacer frente a lo que el vínculo necesita. Una discusión, un desacuerdo o la insatisfacción en la pareja no se solucionan saliendo a correr o centrándose más en el trabajo. Esto solo perpetúa el problema y puede hacer sentir a la otra persona invalidada y desatendida.

En definitiva, si te mantienes ocupado como mecanismo de afrontamiento, le estás dando la espalda a tus necesidades, a las de quienes te rodean y a las situaciones que requiere solución. Por lo mismo, esta no debería ser la única estrategia que emplees. Para cambiar esta dinámica, puedes dar pequeños pasos cada día. Por ejemplo, destinar un tiempo en tu agenda a la reflexión y la introspección, comenzar a buscar momentos en los que puedas analizar cómo te sientes o incluso llevar un diario terapéutico.

Por galuvi

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