El contacto con espacios naturales parece que reporta múltiples beneficios, ya sea aumentando nuestra capacidad para mantener la atención, gestionar el estrés o resolver problemas.

Vivir cerca de espacios azules tiene efectos positivos sobre el organismo a través de otras variables, como la actividad física ya que este tipo de entornos reduce el estrés y la ansiedad, al tiempo que mejora el estado de ánimo y el bienestar psicológico.

Disfrutar en la infancia de este tipo de espacios se ha asociado con un mayor bienestar subjetivo y un menor riesgo de problemas de salud mental, también se relaciona con tasas más bajas de esquizofrenia y depresión.

Una investigación, publicada en Journal of Environmental Psychology, evidenció que los encuestados que recordaban más experiencias en espacios azules durante la infancia daban un mayor valor a la naturaleza, y además solían disfrutar más en los entornos menos artificiales.

Estos resultados destacan el impacto favorable que tienen estas experiencias infantiles en el largo plazo, asimismo resaltan el papel protector que tienen estos espacios ante los problemas de salud mental en la adultez.

Los hallazgos nos dejan claro que familiarizar a los niños con los espacios azules puede estimular una alegría inherente por la naturaleza y promover en las personas esa búsqueda de experiencias recreativas en ambientes naturales.

Por galuvi

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