La persona que es tímida toma constancia de su rasgo de personalidad de manera muy temprana y es porque si hay algo que descubre a los pocos años de edad es que situaciones que para otros niños son normales y divertidas, para uno son amenazantes.
Es importante destacar este término, “sufrimiento”, porque ese es el elemento que diferencia a un introvertido de un tímido, el miedo al rechazo, el terror a hacer el ridículo y el pavor a quedar en evidencia ante los demás.
Según los expertos, es como si existiera una determinación genética para evitar dicho contacto y formar ese fantástico dosel con vetas.
- Más que los genes, importa el entorno
Una parte amplia de la población opina que los niños tímidos llegan al mundo con ese temperamento inhibido. Sin embargo, esto no es del todo cierto.
- Los cuidadores también influyen en el desarrollo de la timidez
Es fundamental saber que a menudo, aunque un bebé tenga el gen de la timidez y su temperamento oscile hacia ese polo, un entorno social dinámico, abierto, solidario y seguro, amortigua este rasgo.
- La internalización y el miedo excesivo
Además de los genes y el entorno familiar, hay un tercer elemento que alimenta las raíces de la timidez, y es el miedo excesivo.
El temor a ser juzgados, criticados, el miedo al error, a exponerse y a sentir vergüenza se internaliza en ellos de forma intensa.
Es necesario racionalizar todas esas emociones negativas que nos atenazan y que nos cortan las alas.
Hay técnicas psicológicas que nos permitirán manejar la timidez y la ansiedad social. No dudemos en dar ese paso si así lo necesitamos.
