Todos desarrollamos un estilo de apego hacia otras personas, según las experiencias de cuidado que tuvimos con nuestros padres en la infancia.
El apego se refiere a nuestra disposición a buscar contacto y cercanía, una necesidad humana que se considera incluso más vital que la alimentación.
El apego implica:
• Protección: saber que estoy seguro donde estoy y que me van ayudar cuando lo pido.
• Afecto: calor y contacto físico, piel con piel, por medio de caricias y abrazos.
Existen cuatro tipos de apegos:
- El apego ansioso o ansioso/ambivalente
Un apego ansioso, desarrollan niños que temen constantemente ser abandonados o quedarse solos, dado que su figura principal de apego se muestra ambivalente o distante, por lo que no pueden confiar que van a contar siempre con la protección que necesitan.
Estos niños están en alerta y adivinando que es lo que desea la madre o padre, para que pueda recibir cariño ya que sienten que deben ganarse su cariño y atención, que a veces recibe y a veces no.
- El apego evitativo
Un apego evitativo desarrollan por lo general los niños quienes desde muy pequeños sintieron que hay muchas expectativas sobre ellos o quienes sienten que deben hacerse cargo de algo importante en la familia y asumen tareas que desde su realidad infantil realmente resultan muy abrumadores. - El apego seguro
Un apego seguro se desarrolla en niños o niñas cuyas necesidades de afecto y protección fueron mayormente satisfechas, y significa no más que un 30%.
En este sentido no requieres de mecanismo protectores específicos porque, así como te sentiste seguro de niño, te sentirás seguro como adulto frente a otros adultos.
Un apego evitativo desarrollan por lo general los niños quienes desde muy pequeños sintieron que hay muchas expectativas sobre ellos o quienes sienten que deben hacerse cargo de algo importante en la familia
- El apego desorganizado y sus estrategias protectoras
Un cuarto tipo de apego, el apego desorganizado, representa una parte más pequeña de la población, y se desarrolla en niños cuyos cuidadores principales resultaron ser una amenaza para ellos, más que figuras de protección y estabilidad.
Tu pareja no puede sanar tu estilo de apego, te puede acompañar en tu proceso de sanación, pero como él/ella tiene su propio estilo de apego con el cual debe liderar, la responsabilidad está en tu lado.
