La sexualidad no está reñida con tener hijos. Ahí están el cuerpo, los genitales, la sensibilidad, la identidad y la orientación, los deseos y la posibilidad de encuentros eróticos. Nada cambia o, mejor dicho, nada tiene por qué cambiar. Sin embargo, es frecuente pensar lo contrario. Existe la creencia de que, tras el nacimiento del primer bebé, todo lo relacionado con lo sexual pasa a un segundo plano. Es indudable que el embarazo y el parto producen cambios en el cuerpo de la mujer: daños en la musculatura del suelo pélvico, vagina más dilatada, merma de estrógenos, con la probable disminución de la lubricación, mayor sensibilidad en los pechos, secreción láctea… y, en algunos casos, episiotomía o cesárea. Es evidente que algunos de estos cambios pueden afectar de forma negativa a la respuesta sexual, en general, y al coito muy en particular. Pero la sexualidad y los encuentros eróticos no se reducen a lo fisiológico. Un bebé modifica la estructura familiar con todo lo que eso supone. Exige un cambio de roles ante las nuevas tareas y puede despertar sentimientos de inseguridad y miedo.

Por otra parte, también es frecuente hablar de cansancio, perdida de intimidad y de cómo la autoimagen se deteriora. Sí, bebé y deseo erótico parecen términos incompatibles, pero no lo son. De hecho, los cambios que más afectan son los de orden psicológico y social, precisamente, sobre los que se puede tener más control. Así lo indican las investigaciones de matronas como Celia Navarro del Hospital de Jaca (2016) o Elisa Jiménez y Adriana Moreno del SESCAM (2018). Estas expertas afirman que la satisfacción sexual tras el embarazo no depende esencialmente de factores obstétricos.


Es lógico que un bebé pida espacio y que quien lo tenga a su cargo le ceda buena parte de su atención. Más aún en los primeros meses y cuando se es inexperto. Eso es adaptarse a las nuevas circunstancias. Algo razonable y sensato. Ahora, además de hombre, mujer, pareja, amigo, amiga, profesional o aficionado a quién sabe cuántas cosas, también se es padre o madre. Una nueva situación.

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Cuidar el Jardín

Creer que nada cambia suena a disparate. Pero, por las mismas razones, es otro disparate que este nuevo rol de madre o padre lo invada todo. Ahora, si uno se percibe solo en este papel de cuidadora o cuidador, el resto de jardines se empiezan a descuidar. Es conocido que todas las conversaciones de progenitores primerizos giran en torno al bebé, su crianza y sus logros. ¿Qué espacio deja esto para la pareja o para el deseo erótico? Dos personas que desean seguir creciendo juntas y compartiendo su erótica podrían buscar sus momentos para retomar conversaciones que no giren sobre la crianza, para darse caprichos, para volver a estar desnudos el uno junto al otro, para pasear, para reírse… para hacer que el deseo se despierte. El deseo erótico no puede forzarse, pero a veces hay que salir a buscarlo. No surge sin más.


Buscar apoyos

Darte el permiso para cuidar tu relación de pareja no implica descuidar al bebé. Tampoco lo es atenderse a uno mismo, recuperando también la erótica individual o las aficiones, sin sentirse culpable. Todo lo contrario. ¿En qué le beneficia al niño cargarle con la responsabilidad de haberlo dejado todo por él? Los días tienen veinticuatro horas y, además, casi siempre, dentro del entorno, hay quien también puede ayudar.

Por eso es bueno dejarlo a cargo de una persona de confianza para volver a ser pareja en un concierto, una cena o un espá. Además, para el niño es sano aprender que hay otras figuras en quien puede confiar.


Naturalmente, se deben aceptar las fluctuaciones del deseo. Pero tu pareja no es solo el padre o la madre de tu hijo, sigue siendo una persona deseable y deseante. Por lo tanto, si antes de la llegada de la cigüeña se sabía disfrutar de la erótica, basta con volver a ese mismo jardín y hacer lo de siempre: sembrar, poner al sol, regar, podar con cuidado y, en definitiva, alimentar el deseo.

Por galuvi

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