Las relaciones afectivas en las mujeres que no recibieron amor en su infancia pueden ser a menudo desafiantes ya que hay esa sensación de abandono y de carencias emocionales les aboca, en ocasiones, a caer en relaciones de dependencia o en vínculos dañinos.
La paternidad y la maternidad distan a menudo de ser perfecta, es cierto así, que más de uno podría dar su testimonio para demostrar que el cariño de una madre a veces puede ser condicional.
Cuando sitúan la mirada en el retrovisor de la propia vida, lo que se aprecian casi siempre es un pasado lleno de decepciones, de vacíos profundos y rechazos afilados que dejaron heridas aún no cicatrizadas.
No es sencillo entender que el amor auténtico no funciona de ese modo y que todos debemos aspirar a algo mejor.
La inseguridad, la contradicción constante en la que a veces se recibe atención, la indiferencia y en algunas ocasiones la crítica y el desprecio pueden hacer que en la edad adulta se desarrollen algunos de estos tres patrones de comportamiento:
• Comportamiento afectivo ansioso-preocupado: Definido por experimentar inseguridad, así como ansiedad de manera constante en la relación afectiva.
• Desdeñoso-evitativo: En este caso, la mujer no quiere establecer relaciones sólidas, las evita porque prefiere mantener su independencia, tener el control sobre su vida y así.
• Temeroso-evitativo: En este tipo de relación, las hijas que no recibieron amor en la infancia se convierten en adultas que desean tener pareja.
No obstante, la figura de las hijas no amadas por sus madres, por ejemplo, es un tema que se observa con frecuencia, no dudemos en solicitar ayuda experta ante estas situaciones si así lo consideramos.
