Pensemos que el temperamento es como una tormenta.

Cuando llueve torrencialmente, las personas suelen correr, buscan resguardarse, y ya desde un lugar seguro, miran el agua caer, a veces con paciencia otras con desesperación, sobre todo cuando es una lluvia prolongada.

Ahí, todos resguardados, podemos estar cerca de unos cuantos, pero en realidad estamos lejos del resto. Hay una distancia física que nos separa, tanto como nos aleje la lluvia y el tiempo que dure.

Así pasa con al mal temperamento. Se sabe que cuando una persona está por una tormenta de pasión, de ira, de angustia o de tristeza, suele separarse del resto de la gente. Es una forma de supervivencia también porque de otro modo podría desencadenar un episodio violento y cuando esto ocurre las implicaciones son mayúsculas.

Controlar el temperamento, entonces, no es alejarse, separarse para evitar ser violentos. Controlar el temperamento debería ir más allá, tanto tratar de modular esas emociones negativas que nos embargan, como transitar a un estado anímico amigable.

Una vez controlada la emoción, que es lo más instintivo, podemos llamar a la razón y con el apoyo de ésta, es más probable que podamos controlar los sentimientos, que son menos efímeros porque efectivamente son más profundos.

Nadie está diciendo que hay que reprimir las emociones, se trata de experimentarlas, pero con fuerza de espíritu y de razón, tratar de apagarla, antes de que se cocine más el fracaso de nuestras relaciones.

Controla tu temperamento, inténtalo, y verás que estarás más cerca de las personas que quieres.

Por galuvi

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