¡Ah! la magia de los nuevos comienzos.

¡Ah! la emoción de volver a empezar.

¡Ay! las preocupaciones que surgen después de que se va esfumando la magia, el encanto y la emoción y te das cuenta del reto ante el cual estás. Y es que si empezar algo nuevo es fantástico, volver a empezar o retomar o intentar de nuevo algo tiene aún muchas más cosas involucradas porque ya vas un poquito experimentado y puede ser que los fantasmas del “fracaso” se aparezcan para susurrarnos cosas desagradables y activar miedos o ansiedades que incluso, ni nos hubiéramos percatado que por ahí andaban, hasta que decidiste volver a intentar, volver a empezar.

Ya con algo caminado sabemos que es muy probable que un cambio mueva otros más, y eso pueda causarnos un poco de inquietud. Puede ser que las experiencias anteriores no hayan tenido resultados favorables y eso enturbie un poco la visión del nuevo comienzo.
¿Y entonces qué hacer?

Sigue avanzando, camina, no te detengas. Un día a la vez, al final verás que avanzaste todos esos días, uno tras otro, hasta hacer un mes, tal vez seis meses y después un año. Cuando menos te des cuenta ya estás en otro lado, en otro año.

Quizá sólo es “soportar” un poquito la incomodidad inicial que presenta el nuevo reto, el nuevo espacio, el nuevo ritmo, como en los maratones, sólo es resistir pasar la “pared”, no desistir en ese momento sino seguir un poquito más, se sabe que después esa “incomodidad” desaparece y entonces uno agarra ritmo. Darte oportunidad de encontrarte en esa nueva experiencia y no salir corriendo a la primera de cambio.

Considerar que las cosas no salen perfectas a la primera, requieren mucha talacha, que es cuestión de ensayo y error, de dibujar y borrar, de sobre el camino ir haciendo y sobre el camino ir corrigiendo.
Confiar en que el camino se irá develando conforme vayamos avanzando, soltar un poco la necesidad de tener todo el control de como pasarán las cosas o de cómo debería ser el camino.

Mantener a raya los pensamientos pesimistas y extremistas que intentan tirar hacia abajo o hacia atrás recordándote todo lo que ya antes ha salido mal o lo que podría salir mal hacia adelante; confía en que si una puerta se cierra, es probable que se abra otra, o una ventana y si no, pues hacemos un hoyo o tumbamos un muro. Siempre podemos encontrar un modo y un cómo, un algo que tal vez antes no habíamos visto o no habíamos intentado y eso puede cambiar todo.

Confiar en que sin importar el resultado, la experiencia será a nuestro favor, y si no lo fuera, podremos resolverlo de alguna manera. Darnos cuenta de las herramientas con las que contamos, y de la compañía que puede hacernos fuerte y acompañarnos en el proceso.

Vuelve uno a empezar y no es de cero, por lo que valdría la pena hacer una reflexión sobre las cosas que tal vez no salieron bien o nos faltaron en las ocasiones pasadas, reconocernos en el ahora para darnos cuenta con lo que contamos, respirar profundo, tomar valor y coraje para ir por aquello que estamos deseando, dar un salto de fe sin importar el miedo.
Y tú, ¿en qué volverías a empezar?

Por Déborah Buiza

Especialista en Desarrollo Humano, con formación en la UNAM en las áreas de Ciencias de la Comunicación y Psicología, con experiencia en investigación, capacitación, psicoterapia, conducción de grupos, operación de proyectos sociales, desarrollo organizacional y clima laboral, seguimiento a programas institucionales, organización de eventos, makeup artist y mamá sin instructivo.