Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 280 millones de personas en todo el mundo sufren de depresión. Podemos decir, por lo tanto, que se trata de un trastorno común del estado de ánimo es común en todo el mundo, con un estimado de 3,8 % de personas afectadas, incluyendo 5,0 % entre adultos y 5,7 % entre adultos mayores de 60 años.
Investigadores de diversas disciplinas, que buscan entender la prevalencia de este trastorno, han identificado que el uso de las redes sociales puede ser un factor de riesgo clave. De hecho, puede ser un factor causal, según un estudio publicado en Journal of Social and Clinical Psychology. En él se encontró que cuanto menos usaban las personas las redes sociales, menos deprimidas y solas se sentían.
Sumado a lo anterior, una reciente investigación ha encontrado que las personas que utilizan constantemente las redes sociales tienen más probabilidades de desarrollar depresión dentro de los seis meses siguientes, independientemente de su personalidad.
Entre los hallazgos se encontraron que las personas con mucha amabilidad tenían un 49 % menos de probabilidades de deprimirse que las personas con poca amabilidad. Además, los que tenían puntuaciones altas en neuroticismo presentaban el doble de probabilidades de desarrollar depresión que aquellos con neuroticismo bajo.
La relación entre el neuroticismo y la depresión es coherente con estudios previos que describen a este rasgo de la personalidad como un fuerte predictor de trastornos depresivos (Kotov et al., 2010; Noteboom et al., 2016). Además, está asociado con una disminución de la satisfacción con la vida y una disminución del afecto positivo.
Las explicaciones detrás de este vínculo es que es más probable que las personas se comparen con otras que parecen estar viviendo sus mejores vidas. Esto genera resentimiento, baja autoestima y otros problemas asociados con la autoimagen y el autoconcepto.
Otra explicación es que, paradójicamente, las redes sociales pueden aislar a las personas y hacer que se sientan solas, ya que el tiempo que les dedican les quita espacio para las interacciones sociales en la vida real. Además, las redes sociales afectan la manera en que las personas mantienen e interactúan con su red social.
Antes de saber qué hacer, es preciso resaltar que no todo es malo con las redes sociales. También tienen sus beneficios positivos. La cuestión de fondo es saber cómo usarlas. Por eso, para prevenir efectos adversos es crucial que le prestes atención a cómo las empleas a diario (cuánto y con qué propósito).
