Las personas somos capaces de experimentar estados emocionales realmente complejos, en los que estén presentes emociones que aparentemente podríamos decir que son contrarias o incompatibles.
Las emociones más poderosas y definitorias del ser humano son también las más conocidas por la neurociencia.
El amor puede transformarse en odio en cuestión de segundos, basta con tener un desacuerdo para que, al instante, asome esa emoción turbadora y volcánica que arrastra y lo nubla todo: el odio.
En ocasiones el odio también puede conducir a la agresividad y este es un hecho frecuente en los contextos afectivos y familiares.
Hay quien, llevado por los celos, el odio momentáneo o el desafecto, traduce esa emoción turbadora en una agresión y lo hace a pesar de amar a la persona a la que se hace daño.
Dejemos que el amor venza siempre al odio ya que es aquí donde entrarán en juego los procesos como la reflexión y la inteligencia emocional.
