Todo aquel que comparta su vida con uno o más animales a los que adora habrá tenido este pensamiento. Y lo más probable es que no haya tenido el más mínimo cargo de conciencia por esa convicción. Sin embargo, socialmente sigue generando cierto desconcierto ver a alguien hablando con su perro o su gato.

Ahora bien, lo cierto es que, como es lógico, no mantenemos conversaciones con ellos. Lo que hacemos es interaccionar con nuestros amigos peludos de una manera muy particular: les expresamos frases y preguntas cortas, así como divertidos piropos y comentarios cargados de afecto. Esa dinámica conversacional es tan beneficiosa para los propios animales como lo es para nosotros.

Cuando una mascota se convierte en nuestra familia, necesitamos verbalizar nuestro amor. También ciertos pensamientos. Por tanto, es común y hasta necesario comunicarnos con ellos. Porque más allá de lo que algunos puedan creer, nos entienden. Y lo más fascinante aún, en buena parte de los casos hasta nos responden a sus miradas.

Por galuvi

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