El amor es una cuestión complicada. Tanto a nivel cultural como evolutivo, hemos heredado ciertas conductas o preceptos que pueden ser muy dañinos para nosotros y para las personas a las que escogemos como compañeros de vida. Sin ir más lejos, expresiones tan populares como “encontrar a tu media naranja” acaban interiorizándose en el aprendizaje cultural de cada uno, acarreando problemas que emergen cuando descubrimos que realmente la pareja ideal no existe. El amor romántico es una idea muy explotada por las películas, series y novelas, creando una fuerte influencia en el modo en que nos relacionamos con los demás y, sobre todo, en la forma en la que contemplamos nuestras relaciones con aquellas personas que hemos escogido para compartir lo más íntimo de nosotros mismos.

Seguro que en más de una ocasión te has enamorado de una persona de la que luego descubriste que no era nada parecida a como creías. Más allá de las habituales decepciones, reside algo más profundo que responde a nuestros más privados sueños y anhelos. De ahí que pueda existir una tendencia a la idealización de ese alguien por quien sentimos una gran atracción o deseo como reflejo de esos atributos o cualidades vitales que nos gustaría tener a nosotros. Como cantaba Nico en la famosa canción de The Velvet Underground, “seré tu espejo, reflejo de lo que tú eres en caso de que no lo sepas”.

Muchas parejas no saben romper porque los momentos buenos se van haciendo más intensos conforme la relación va a peor

“La idealización surge cuando ponemos una serie de atributos en la pareja que deseamos que sean nuestros”, explica Luis Antón, terapeuta de parejas en IPSIA Psicología a El Confidencial. “Estos pueden ser dinero, estatus social, inteligencia o belleza. Vemos en la otra persona aquello que nos gustaría ser”. Evidentemente, esto es un proceso natural en toda fase de enamoramiento que no tiene por qué entrañar problemas ni resultar nocivo si no va a más. Pero si se alarga en el tiempo, la relación puede derivar en el desengaño o en problemas mucho peores”.

La limerencia

Antón habla de una cierta “narcisización” de la persona: “Estamos sesgados de cara a seleccionar e interpretar las características específicas del otro, ya que si gustamos a alguien excepcional eso también quiere decir que nosotros estaremos mejor valorados”, explica. Otros autores estadounidenses que han investigado sobre los procesos psicológicos del enamoramiento recurren al término de “limerencia”, un trastorno mental por el cual el individuo tiene la necesidad obsesiva de ser correspondida por la persona que ama, causándole un agudo malestar en su vida diaria y en la de su pareja. La antropóloga estadounidense Helen Fisher habla de ella como la sensación de “estar locamente enamorado” por alguien. Y esto, aunque suene muy romántico, no es para nada sano ya que si se agrava pueden surgir problemas de distinta gravedad.

Cuando alguien está en lo más bajo y siente que es salvado con un abrazo o una noche de sexo esa sensación se vuelve muy poderosa

“Las relaciones amorosas siempre tienen que apuntar hacia algo”, asevera Antón. “Son asociaciones de personas que buscan realizarse en aquello que les hace feliz a ambos y a lo que llegan a través de acuerdos. Una pareja sana es aquella que busca lo mejor para sí misma de manera recíproca”. Desde este punto de vista, el amor asienta sus bases en la racionalidad, ya que por mucha pasión que haya entre ambos, siempre tiene un sentido utilitario. “La noción de utilidad en español es un poco fea ya que puede aludir a un valor instrumental”, reflexiona el terapeuta. “En la tradición americana de la psicología, sin embargo, este término se asocia a ir en dirección hacia la felicidad, o para ser más concisos, apuntar a los valores que ambos quieren desarrollar”.

Por tanto, los problemas con el amor romántico surgen cuando la idealización vence a la base racional. ¿Cómo saber cuándo se produce este desplazamiento y comenzamos a percibir nuestra relación como algo que no es, sino como algo que nos gustaría que fuera? Básicamente, cuando la intensidad de los encuentros escala tan alto que el equilibrio entre ambos se rompe. “En nuestra consulta vienen muchas personas que están atravesando una ruptura y siguen autoconvenciéndose a sí mismas de que el otro va a cambiar”, apunta el psicólogo. “No saben romper con la relación porque tiene muchas cosas buenas y porque además se va haciendo más intensa en los momentos buenos conforme va a peor”.

Por galuvi

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