En “La Cenicienta” (película estrenada en 2015 basada en el cuento de hadas de Charles Perrault e inspirada en la película animada de 1950) el príncipe le pregunta a la protagonista cuál es su nombre y ella le responde que Cenicienta, y aunque al parecer en ninguna versión ha sido revelado el nombre real, sabemos que no se llama así, ese sólo es un sobrenombre que su malvada madrastra y hermanastras le han puesto para llamarle, para humillarla y denigrarla, sin embargo ella “adopta” ese nombre y se presenta así.
¿Cuántas veces nos han nombrado de formas que no corresponden a quienes somos y hemos “adoptado” ese nombre? ¿Con qué nombre nos presentamos ante el mundo?
En muchas historias hay un momento especial en el que el personaje principal o héroe cambia su nombre al ser revelada su misión, al encontrar su camino, al asumir su poder o al superar las pruebas y encontrarse con quién realmente es, y entonces, no es lo mismo ser Bruce Wayne a ser Batman, por poner un ejemplo.
Alrededor de un nombre pueden girar tantas cosas que valdrían la pena el análisis y la reflexión, sin embargo, hoy quisiera invitarte a que te preguntes cómo te presentas al mundo y aún más importante, ante ti. ¿Quién dice tú nombre que eres?
Dicen que lo que no se nombra no existe y por eso, entre muchísimas otras razones, es que es tan importante el nombre que tenemos o el cómo nos nombramos.
¿Conoces la historia de tu nombre? ¿Te gusta? ¿Te identificas con él?
Imagínate que te has perdido en un bosque y te estás buscando, ¿qué nombre utilizarías para llamarte, para encontrarte?
No siempre nos gusta el nombre que nos han puesto nuestros padres, o tal vez no te gusta como ciertas personas lo expresan, tal vez no te identificas con el o los nombres que te han puesto, si dependiera de ti ¿cómo te llamarías? ¿quién diría tu tarjeta de presentación que eres?
A veces es que no nos damos cuenta de qué nombre utilizamos para llamarnos, nos hablamos feo, nos expresamos de nosotros mismos con groserías y en un mal tono, ¿qué pasaría si nos expresáramos con cariño, de manera dulce o amable? ¿Si utilizáramos nuestro nombre como una bendición, una llamada a la acción o una expresión de poder, de creatividad?
¿Cuál es tu nombre?
Te propongo hacer el ejercicio de mirarte al espejo y en voz alta decir tu nombre y observar cómo te sientes, expresarlo de muchas formas hasta encontrar aquella que más te guste, incluso aquella en la que sientas que te llena de energía, de alegría, de satisfacción.
Tal vez tu familia escogió tu nombre por sus razones, ilusiones y fantasías, tal vez si lo googleas encuentres su “significado”, pero vale la pena construirle un significado desde ti y para ti, desde tu historia y desde la historia que te gustaría construir, encontrar el poder de tu voz al decir tu nombre, que cada que pregunten ¿cómo te llamas? al decirlo te encuentres en él completa (o).
Tu nombre esconde tu poder, ¿cuál es el tuyo?
