En nuestro cerebro tenemos una zona denominada amígdala, donde se procesa gran parte de la información que recibe del exterior, compuesta por olores, sonidos, imágenes, etc. La amígdala está directamente conectada con la médula espinal porque su misión es darnos la capacidad de responder a una amenaza externa de inmediato, sin que sea necesario que el córtex frontal, la parte racional de nuestro cerebro, intervenga en dicho proceso.

Las señales que son emitidas por la amígdala llegan al hipotálamo, donde se libera una hormona que a su vez libera el cortisol, la hormona del estrés. Una vez que ésta hormona se libera, comenzamos a sentir todos los síntomas del miedo, como el aumento de la frecuencia cardiaca, la dilatación de las pupilas, la aceleración de la respiración, etc.

Es esta activación de la amígdala también lo que nos lleva a sentir miedo o angustia ante determinadas situaciones que, aunque en sí mismas no conllevan riesgos, como una reunión social, si nos han causado un daño emocional. Esta experiencia se almacena en el cerebro ligada a las emociones y cuando la amígdala detecta una situación igual, pone en marcha todo el mecanismo del estrés para defender al sujeto de una situación de peligro.

Por galuvi

Información divertida, ligera y entretenida, sin dejar de lado los datos útiles y relevantes. Historias que nos inspiran para hacer del mundo y nuestro entorno un lugar mejor; hallazgos asombrosos, triunfos y éxitos compartidos.