Después de tantos días en la contingencia, ¡cómo se anhela un día libre!, así como los de antes, cuando podíamos dejar de lado las responsabilidades y las preocupaciones por un rato y nos íbamos de pinta.

Sin embargo aquí seguimos, cada uno desde su trinchera enfrentando diferentes enemigos, miedos y retos, cada quien desde su caos individual tratando de resolver un sinfín de temas que se presentan diariamente y que por momentos nos abruman, en este punto, es muy posible que ya hemos probado varias opciones para medianamente ir sobrellevando lo que sea que nos haya tocado vivir en esta situación.

Seguramente ya intentamos con la rutina y también con el modo caótico de hacer o no hacer las cosas; con hacer menús semanales muy nutritivos o la compra de antojos al por mayor; por el mantenimiento de la casa y orden de manera meticulosa casi obsesiva, al “desorden ordenado”; hacer ejercicio, meditación, lecturas, aprendizaje en línea y también “al diablo” el fitnnes y “¿quién dijo que la pandemia era para hacer algo y salir renovados”; tal vez ya fuimos del home office con gafete puesto a resolver las emergencias en pijama o viceversa; quizá ya tenemos varios outfits para salir y enfrentar al mundo con “todas las medidas”, etc., etc., etc.

Con tanta incertidumbre y cosas por resolver en medio de circunstancias adversas y nunca antes consideradas, es esperado que los niveles de estrés y de frustración se encuentren muy elevados y esto nos convierte en sujetos vulnerables, no sólo a enfermedades sino a cometer errores, tener accidentes, tomar malas decisiones o a que ciertas emociones se apoderen de nosotros y tomen el mando, con el riesgo que ello implica. En este punto, ¿cómo te encuentras tú?

Y como no podemos tomar vacaciones de la emergencia sanitaria, ¿qué tal si pudiéramos tomar un día libre? Darnos el espacio para re encontrarnos en el ocio, el juego, el placer y con ello respirar un poquito de lo que nos está agobiando y ver las cosas con otra perspectiva. Quizá no podemos salir a distraernos como lo hacíamos antes pero seguro que podemos encontrar nuevas formas de experimentar esa sensación de hacer una pausa, del disfrute de no hacer nada.

Sin salir de casa, sin ponerte en riesgo, ¿cómo podrías irte de pinta? ¿qué momento podrías crearle a tu mente, cuerpo y espíritu para que se divierta, descanse y respire un instante?

¿Te animas a tomarte el día?

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Por Déborah Buiza

Especialista en Desarrollo Humano, con formación en la UNAM en las áreas de Ciencias de la Comunicación y Psicología, con experiencia en investigación, capacitación, psicoterapia, conducción de grupos, operación de proyectos sociales, desarrollo organizacional y clima laboral, seguimiento a programas institucionales, organización de eventos, makeup artist y mamá sin instructivo.