La lenta agonía de la transparencia en México | Crónicas Inevitables

De Carmen Aristegui aprendí que, si ella podía obtener y revelar información a través de la transparencia, también podía hacerlo yo. Ella reveló la Casa Blanca; yo pude revelar que, en Puerto Vallarta, no había concursos de construcción y que las obras públicas se habían otorgado por asignación directa durante 2014 y 2015.

Y entonces pedí todo: la agenda del alcalde, de los regidores, el gasto en patrullas, el gasto en luminarias, la caja chica de la Secretaría General. Un escándalo cada vez.

Nunca fue fácil. Las peticiones iban y venían. Me decían que no; entonces las formulaba de otra manera. Me decían que me iba a costar 100 mil pesos sacar copias; les contestaba que la ley me permitía revisar la información en sitio.

Fueron años de retos y retos y, orgullosamente, sé que si la transparencia avanzó en mi municipio entre 2009 y 2017, fue gracias a decenas de peticiones.

Y siempre supe que eran pequeñas batallas. Las grandes las peleaban los grandes, como Aristegui, pero nunca me desanimé, incluso cuando no lo logré.

Y es por eso que me duele profundamente la extinción de esta herramienta de rendición de cuentas.

El IFAI nació en 2002 como Instituto Federal de Acceso a la Información Pública y, posteriormente, se transformó en el INAI, Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, en 2014. En 2025, el INAI fue extinguido como parte de una reforma constitucional y legal; sus funciones federales de acceso a la información pasaron al nuevo esquema encabezado por Transparencia para el Pueblo, órgano desconcentrado de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno.

La transparencia en México apenas hubiera cumplido 24 años. Ni siquiera un cuarto de siglo.

Y de ahí en adelante, los órganos locales también han comenzado a desaparecer. En el Estado de México, por ejemplo, el Congreso aprobó en 2025 la extinción del Infoem y actualmente esta en proceso de liquidación.

Y pienso en aquellas pequeñas batallas de cada día.

En cada solicitud.

En cada respuesta que hubo que pelear.

Porque quizá la transparencia no desaparece de un día para otro. Quizá agoniza lentamente, mientras dejamos de preguntar.

Y eso, para quienes alguna vez descubrimos que preguntar también era una forma de defender lo público, duele.

La lenta agonía de la transparencia en México | Crónicas Inevitables

Por Lourdes Martínez

Egresada de en Ciencias de la Comunicación en la FCPyS de la UNAM, tengo diplomados en transparencia por el ITEI, el Congreso de Jalisco y la UNAM. He sido reportera y jefa de información en medios impresos en Puerto Vallarta, así como coordinadora editorial de medios digitales en la CDMX. Incursioné en la radio como co-conductora y productora de un podcats en Puerto Vallarta. Me especializo en política, elecciones, temas urbanos e historias de vida. Aficionada a la astronomía, la poesía, amor y el mezcal.