incendios en puerto vallarta

Hay días que se quedan grabados en la memoria colectiva. No por una celebración, sino porque durante horas nadie supo realmente qué estaba ocurriendo.

Eran las 8:45 de la mañana cuando una mujer, vestida completamente de blanco, irrumpió en la entrada de la iglesia del Infonavit. Con evidente desesperación gritó: «¡Váyanse a sus casas, están atacando Puerto Vallarta, hay balaceras por todos lados!».

Los feligreses se miraban entre sí sin entender.

A las 9:00 de la mañana, ya de regreso a casa, una columna de humo comenzaba a levantarse sobre la ciudad. Aún no había información oficial. Solo incertidumbre. Llamé para cancelar una cita y, del otro lado del teléfono, una amiga respondió: «Lo sé, me tocó una balacera por Ixtapa».

A las 10:00 otra amiga insistía en salir a hacer unas compras. Minutos después regresó. Todo estaba cerrado. La ciudad comenzaba a apagarse por decisión propia, no por instrucciones de la autoridad.

A las 11:00 las redes sociales ya estaban inundadas de fotografías, videos y mensajes. Jóvenes en motocicleta incendiaban negocios en distintos puntos de Puerto Vallarta. La información circulaba de celular en celular mientras el silencio oficial crecía.

Fue hasta el mediodía cuando el Ayuntamiento recomendó permanecer en casa y cerrar los negocios. Cuatro horas después de que el miedo ya se había instalado en las calles.

La una de la tarde llegó acompañada de rumores. Se hablaba de nuevos ataques. Nadie sabía qué creer. Las motocicletas seguían circulando y la ciudad permanecía prácticamente paralizada.

Mientras tanto, periodistas y ciudadanos preguntaban lo mismo en las redes sociales del Gobierno Municipal: ¿qué está pasando? Las respuestas nunca llegaron.

Y entonces apareció otra pregunta que se repetiría durante todo el día.

¿Dónde estaba el alcalde?

Las horas transcurrieron sin un mensaje directo a la población. Cerca de las ocho de la noche, la única respuesta que circuló fue que el presidente municipal sí se encontraba en Puerto Vallarta.

Al día siguiente llegaron las fotografías, los comunicados y los mensajes institucionales asegurando que el gobierno había estado atendiendo la situación.

Pero la sensación que quedó entre muchos ciudadanos fue otra.

En momentos de crisis, la presencia física importa, pero la comunicación importa todavía más. Un mensaje oportuno puede calmar rumores, orientar a la población y transmitir certeza.

Porque cuando una ciudad tiene miedo, el silencio también comunica.

Por Lourdes Martínez

Egresada de en Ciencias de la Comunicación en la FCPyS de la UNAM, tengo diplomados en transparencia por el ITEI, el Congreso de Jalisco y la UNAM. He sido reportera y jefa de información en medios impresos en Puerto Vallarta, así como coordinadora editorial de medios digitales en la CDMX. Incursioné en la radio como co-conductora y productora de un podcats en Puerto Vallarta. Me especializo en política, elecciones, temas urbanos e historias de vida. Aficionada a la astronomía, la poesía, amor y el mezcal.