A mi papá le gustaban los plátanos dominicos, mi abuelita (su suegra) como lo sabía siempre tenía plátanos dominicos, gelatina y dulces típicos en su casa; ella siempre tenía “algo” que compartir con las personas que la visitaban, o a quienes visitaba, con el propósito de apapacharlas de esa forma, pero ese “algo” era especial, porque eran cosas que sabía que eran del gusto de esas personas en particular, es decir, no era un detalle “genérico” sino considerado, buscado, seleccionado y adquirido especialmente para la persona.

¿Cómo cuidamos a los que amamos? ¿Cómo les demostramos que les tenemos afecto, que nos importan, que nos caen bien? He incluso, ¿cómo cuidamos y procuramos a aquellos que están en nuestra vida por alguna razón, a quienes quizá no les tenemos tanta cercanía o gran aprecio, pero con quienes nos relacionamos de manera constante?

Con frecuencia nos dejamos llevar por la manera en la que nos gusta ser amados o por como nos gusta que nos demuestren aprecio o afecto y lo demostramos de esa manera a nuestra gente cercana e importante, sin embargo, puede ser que no lo reciban o lo perciban de la misma manera por lo que podría perder un poco de “efectividad” (si pudiéramos decirlo así) el gesto.
Si nos damos la oportunidad de conocer más a fondo a las personas que nos importan y sus “cómo’s” se sienten apapachados, consentidos, procurados, mirados y apoyados podremos ampliar nuestras posibilidades de establecer mejores formas de conexión con ellos, cada vez más profundas e íntimas.

Conocer cuáles son sus temas complicados, qué les es importante, sus preocupaciones, validamos sus emociones y los acompañamos sin juzgarlos, observamos cuál es su contexto, miramos su historia, nos interesamos por lo que hay alrededor de lo que están viviendo o de lo que están sintiendo nos puede dar muchas pistas para ser cercanos tanto como se pueda o se necesite de la manera en que lo necesitan.

¿Parece difícil? Puede ser que un poquito, pero nada que practicando no se resuelva, quizá es cuestión de poner atención en lo que nos cuentan, observar con cuidado y hacer las preguntas adecuadas y recordar lo que nos comparten; creo que al final radica en la decisión de tener la atención plena para conocer al otro para procurar su cuidado porque nos interesa, y eso nos podría motivar para mirarlos desde quienes ellos son y no desde lo que nosotros somos o desde lo que nosotros haríamos.

Lograr reconocer al otro, conocer sus “términos y condiciones”, sus “reglas de oro”, sus “do” y sus “dont’s”, el ritmo al que viven, el cómo expresan sus emociones y lo que les es fundamental nos permitirá tener elementos para mejorar nuestra comunicación y nuestra relación, procurarlos y amarlos desde quienes son y que ellos se sientan vistos, valiosos y amados por nosotros.

Y tú, ¿cómo podrías apapachar más a quienes son valiosos para ti? ¿qué podrías mejorar en tu forma de acompañar, para estar en su vida de manera más nutritiva y positiva?

Por Déborah Buiza

Especialista en Desarrollo Humano, con formación en la UNAM en las áreas de Ciencias de la Comunicación y Psicología, con experiencia en investigación, capacitación, psicoterapia, conducción de grupos, operación de proyectos sociales, desarrollo organizacional y clima laboral, seguimiento a programas institucionales, organización de eventos, makeup artist y mamá sin instructivo.