Hay recuerdos que nunca se borran.
Muchas lunas han pasado desde el día que caminé hacia mi examen de admisión. Primero lo intenté en el IPN y, un año después, en la UNAM. En ambos casos logré ingresar, pero fue en ahí, en mi alma mater donde encontré mi verdadera vocación.
Llegué al CCH Azcapotzalco y, más tarde, a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
En aquellos años el examen era toda una experiencia. Había que levantarse de madrugada, recorrer media ciudad y llegar a un enorme auditorio donde cientos de jóvenes respondíamos, en absoluto silencio, un examen de opción múltiple que parecía interminable.
Si algo recuerdo con terror es la sección psicométrica.
Aun así, nadie pensaba en buscar atajos.
Entrar a la UNAM era un privilegio que había que ganarse.
Con el paso de los años entendí que una buena parte de la mujer que soy se formó en esas aulas. Ahí aprendí a cuestionar, a investigar y a construir pensamiento crítico. También descubrí que grandes periodistas como Carmen Aristegui habían recorrido esos mismos pasillos, y eso me hacía sentir que los sueños sí podían alcanzarse.
Por eso me cuesta tanto asimilar el escándalo que rodeó el proceso de admisión de este año, marcado por denuncias sobre el uso de inteligencia artificial y otras formas de hacer trampa durante el examen.
No es un debate sobre la tecnología.
La inteligencia artificial llegó para quedarse y aprender a utilizarla será indispensable.
El problema aparece cuando sustituye al esfuerzo.
Porque un examen de admisión no solo mide conocimientos. También pone a prueba la honestidad, la disciplina y el compromiso de quien aspira a ocupar un lugar que miles de jóvenes también desean.
Cada año el ingreso a la UNAM se vuelve más competitivo. No porque la Universidad quiera cerrar sus puertas, sino porque la demanda supera, por mucho, los espacios disponibles.
Precisamente por eso, ese lugar debe pertenecer a quienes lo obtuvieron con su propio trabajo.
La UNAM no solo representa educación pública de excelencia.
Representa mérito.
Y el mérito nunca debería aprobarse con una respuesta generada por una pantalla.
