Como consecuencia de nuestra naturaleza gregaria, nos relacionamos con todo nuestro universo participativo, y con lo esencial de dicho universo: otros seres humanos.

La forma en la que nuestros ancestros se comportaron hace miles de años tiene mucho que ver con la forma en la que nos comportamos en pleno siglo XXI. 

Durante milenios, las relaciones que hemos experimentado entre nosotros como especie nos han proporcionado recursos muy valiosos, como la información, los conocimientos, las habilidades y las destrezas para las que todo organismo vivo que se precie está diseñado.

La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) la define como el miedo o la ansiedad que se experimentan cuando la persona se expone al posible examen por parte de otras personas. 

La ansiedad social va más allá de la timidez, provoca un deterioro en el funcionamiento cotidiano de la persona tan grande que atenta contra una característica tan biológicamente grabada a fuego en nuestro genoma.

Según la teoría del rango social, estamos genéticamente preprogramados para tener miedo ante rostros que expresan crítica o rechazo. 

Las señales que no son señales de amenaza, sino de calma, seguridad y tranquilidad. Son saludos, besos, abrazos, otras formas cooperativas de comportamiento humano. 

Así pues, las personas con ansiedad social se encontrarían predispuestas, según la teoría del rango social de Gilbert a utilizar una mentalidad agónica, además de presentar dificultades a la hora de construir y poner en práctica.

Por galuvi

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