¿Un problema por resolver en dónde todos son obstáculos, impedimentos, límites, sufrimiento, tristezas y quejas?

¿Un campo de batalla cotidiano, en el que hay que hacer estrategias, e ir de puntitas por suelo minado y hay que armarse hasta las uñas y dientes para salir bien librado? 

¿Algo ya determinado por la divinidad en el que poco se puede intervenir?

¿Una experiencia que puede ser creada y producida tan increíble, glamorosa y fantástica como nuestra imaginación y recursos nos lo permitan?

¿Un espacio por ser descubierto, explorado y conquistado?

¿Un bufet en el que puedes seleccionar lo que quieres comer, mirar, usar, llevar y experimentar?

¿El aula de una escuela dónde dependiendo de su filosofía puede que todo sea exigencia, competencia, disciplina y tareas de alto nivel, lecciones o aprendizaje lindo y buena onda, con compañeros y maestros de acuerdo a tu nivel?

¿Un parque de diversiones, una pasarela, un escenario de un teatro, una serie con diferentes temporadas, un misterio sin resolver, una película de estilo Tarantino o Almodóvar?

¿Un acertijo con reloj para ser resuelto en el que nada encaja, nada se entiende, nada tiene sentido?

¿Una colección de momentos dulces, intensos, amargos, ácidos e insípidos?

En esta vida ¿quién eres? ¿El productor, un personaje, un guerrero, un alumno, un títere, un creador?

Para estas y otras interrogantes no hay respuestas correctas ni únicas, sin embargo, la respuesta puede darnos pistas de cómo experimentas el día a día, a tu persona y los vínculos que tienes con otras personas.

Afortunadamente, no hay una sola forma de experimentar la vida y sí que podemos ampliar nuestras vivencias si incorporamos nuevas perspectivas y visiones, si nos cuestionamos lo que hemos pensando y creído de nosotros y de la vida buscando ampliar nuestros horizontes.

¿Tarea sencilla? Realmente no, puesto que estamos “acostumbrados” a pensarnos y pensar la vida de cierta manera, es como si hubiéramos aprendido una ruta y por ahí nos fuéramos siempre, por lo que experimentar nuevas rutas no sólo se ve como imposible o peligroso, sino que a veces simplemente no se imagina uno la posibilidad de la existencia de nuevas rutas.

¿Para qué explorar nuevas rutas?

Si bien nuestros marcos de referencia nos contienen, nos explican y nos dan cierta seguridad, también pueden ser en algún momento limitantes, por lo que encontrar nuevos marcos para explicarnos puede darnos mayores elementos para enfrentar la realidad que vivimos, y con ello disfrutarnos no sólo más, sino mejor o distinto.

Si bien la realidad esta compuesta de muchos elementos sobre los cuales no tenemos mucho margen de acción, vale la pena revisar sobre lo que sí tenemos margen de trabajo y acción para modificar o incorporar elementos que nos potencien o mejoren nuestra experiencia.

Te propongo que sin juzgarte ni criticarte, observes qué es lo que piensas sobre qué es la vida y si estas creencias te han facilitado o complicado el día a día o te han ayudado a ir a dónde quieres estar.

Dicen que cada uno habla como le va en la feria, pero qué pasaría si te cambias de juego o si esto que estamos viviendo no es una feria.

Y tú ¿qué piensas que es la vida?

Por Déborah Buiza

Especialista en Desarrollo Humano, con formación en la UNAM en las áreas de Ciencias de la Comunicación y Psicología, con experiencia en investigación, capacitación, psicoterapia, conducción de grupos, operación de proyectos sociales, desarrollo organizacional y clima laboral, seguimiento a programas institucionales, organización de eventos, makeup artist y mamá sin instructivo.