A veces andamos desprevenidos y de repente nos encontramos metidos en una conversación poco amigable o entablamos una relación con alguna persona cuya principal tarea es quejarse de la vida, los acontecimientos y de lo que sucede en su existencia o incluso, nos topamos en alguna red social con un comentario insidioso que nos molesta y nos activa el botón de “contestar para callar bocas”… remolinos de polvo.

Hay personas, situaciones y conversaciones que son como remolinos, te atrapan, no te sueltan y dejan detrás de sí no sólo cabelleras despeinadas. No siempre es claro y evidente lo que son porque no empiezan como remolinos totalmente formados que a simple vista los puedes identificar, sino frecuentemente son apenas ligeros vientos imperceptibles y un poco de polvillo que corre en círculo juguetonamente cuando nos topamos con ellos, pero nomás toman velocidad y ¡agárrate!

¿Quién quiere una revolcada de tierra y viento que lo deje hecho un polvorón humano?

Nadie, y sin embargo nos enganchamos en conversaciones y situaciones con personas que nos restarán energía, nos dejarán con un mal sabor de boca y gastarán nuestro valioso tiempo. ¿Te ha pasado?

Todos conocemos a alguien así, que a su paso va dejando mentes, corazones y cabelleras revueltas, empolvadas, sucias, inquietas. Le dan aire a la duda, a la incertidumbre, al malestar, saben en dónde espolvorear una frase malintencionada, una idea provocativa aunque sutil, y como echar a volar los miedos y las más íntimas inquietudes, para seguir su camino sin pena ni gloria.

Uno ve venir al remolino y se hace para otro lado sin más

Y si bien pueden existir muchas estrategias para enfrentarse a situaciones y personas así ya que está uno metido en el medio, lo mejor y más sano sería no participar en un principio de ello, así de simple y de complicado a la vez, uno ve venir al remolino y se hace para otro lado sin más.

Se complica no participar ni engancharse por el tipo de relación que tenemos, porque nos falta practicar la asertividad y el uso del NO, porque en ocasiones si nos gusta revolcarnos tratando de ganar, de demostrar que tenemos la razón, de que sabemos, de que podemos, intentamos decir “este soy yo y nadie me va a venir a…”, pero en realidad ¿cuál es la verdadera ganancia de todo esto?

¿Vale la pena el gasto de energía que voy a invertir en esto?

Te propongo lo siguiente, la próxima vez que veas al remolino venir pregúntate: ¿vale la pena el gasto de energía que voy a invertir en esto? ¿Qué gano en todo esto? Si tu respuesta es no y nada, sin culpa corre en dirección contraria.

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Por Déborah Buiza

Especialista en Desarrollo Humano, con formación en la UNAM en las áreas de Ciencias de la Comunicación y Psicología, con experiencia en investigación, capacitación, psicoterapia, conducción de grupos, operación de proyectos sociales, desarrollo organizacional y clima laboral, seguimiento a programas institucionales, organización de eventos, makeup artist y mamá sin instructivo.