¿Cuántas veces alguien te dicho “no llores”, cuando lo único que te apetece hacer es precisamente llorar? ¿Cuántas veces has fingido estar bien, aunque en el fondo estás roto por dentro? ¿Cuántas veces te han dicho “no estés triste” cuando es precisamente triste como estás? ¿Qué le pasa a la tristeza que tanto desagrada a quien no la sufre? ¿Tan mala es? ¿Tan malo es estar triste?
Desde un punto de vista teórico la tristeza es una emoción básica y, por lo tanto, no es ni buena ni mala. En la práctica, estar triste no es malo, al contrario, es muy saludable, porque estamos expresando un sentimiento que, de otra manera, quedaría encerrado. La tristeza pasa cuando el dolor se libera, pero si el dolor no se libera hace que el daño se agarre y profundice.
“Acogeré la felicidad porque engrandece mi corazón; pero también soportaré la tristeza porque descubre mi alma”
-Og Mandino-
La tristeza no es mala
Evitar la tristeza no va a hacer que lo que la ha provocado desaparezca, que el dolor se vaya, por mucho que alguien diga “no estés triste” o tú te afanes en mostrar tu cara más alegre. Es cierto que el buen humor y el optimismo ayudan a sobrellevar una situación dolorosa. Pero forzar un estado de ánimo alegre o disimular el dolor no es la solución.
En realidad, la tristeza solo es mala cuando se convierte en un hábito, cuando te acomodas en ella como una forma de evitar enfrentarte a tus problemas. Pero todo en la vida tiene su momento, también para estar triste. Negárselo a uno mismo o negárselo a los demás no ayuda a liberar el dolor, sino todo lo contrario.
Respetar la tristeza, la propia y la ajena, es la única forma de conseguir que se desvanezca, sin presiones, sin juicios. Los sentimientos son los que son, y nadie tiene derecho a decirte cómo tienes que sentirte o cómo tienes que expresar tu dolor.
De hecho, el no saber gestionar la tristeza de una manera natural hace que muchas personas expresen su dolor de manera peligrosa. Es aquí donde queda patente la importancia de la inteligencia emocional, el tipo de diálogo que estemos acostumbrados a mantener con nosotros y la bondad con la que solemos tratarnos.
Por qué la tristeza está mal vista
El problema es que no nos gusta ver a los demás tristes. ¿Por qué? ¿Nos sentimos impotentes, culpables, responsables? ¿Nos entristece y no queremos sentirnos así? ¿Nos recuerda que la vida no es un camino de rosas? Sea cual sea la razón nos sentimos incómodos cuando hay alguien triste a nuestro alrededor.
Además, normalmente nos sentimos incómodos mostrando nuestra tristeza en público, como si eso perjudicara a los demás o nos dejara en una posición de debilidad. Además, no está de moda. El dictado social manda que hay que sobreponerse a la tristeza y mirar hacia delante. Pero una cosa no quita la otra. Puedes ser valiente, puedes seguir adelante, pero hay que lavar el dolor primero, sacarlo.
“Las lágrimas desinfectan el dolor”
-Ramón Gómez de la Serna-
La tristeza es más fácil de llevar cuando se respeta su naturaleza
Todo el mundo ha estado triste alguna vez. Y por experiencia todos sabemos que es más fácil superarla cuando dejamos que fluya, cuando damos rienda suelta a lo que sea que nos pida, ya sea llorar o buscar la soledad y el golpe de viento en la cara. Cuanto más intentamos disimular más cuesta salir del hoyo.
