Si pudieras te la pasarías todo el día durmiendo, solo preocupado por comer y ver la vida pasar. Si tienes alguno de estos ‘síntomas’, lo más seguro es que seas víctima de la fatiga emocional, como lo han denominado los psicólogos.
“Para algunas personas el confinamiento está resultando tremendamente estresante pues hace que tengan que construir su vida sobre ‘arenas movedizas’. Esto conlleva una sensación de vida sin rumbo y hace que la incertidumbre pase a formar parte de su nueva realidad”
Juan Nieto, experto en psicología positiva
Para el experto, los más afectados son aquellos quienes aparte de la carga emocional que implica el confinamiento, está llevando una sobrecarga física, tales como lo son el personal de salud, los policías e incluso las personas que trabajan en supermercados y restaurantes.
Aunque esa fatiga emocional también llega a quienes, aún desde su casa, han soportado estrés de manera continua o han tenido episodios específicos de estrés. Es el caso de aquellos que han sido contagiados por el virus, los que han sufrido la pérdida de un familiar o incluso aquellos que teletrabajan y además deben cuidar de ancianos o niños.
Para la psicóloga Toñi de la Puente lo que se denomina fatiga emocional es básicamente una sobrecarga emocional.
“Quienes la sufren dan todo de sí mismos en cualquier ámbito de su vida tanto laboral, como familiar, de pareja o en cualquier dimensión personal. También puede ocurrir en entornos con conflictividad o de gran exigencia”
De la Puente
Reconocer el problema. Hay que poner freno a cualquiera que sea la situación que está generando ese malestar y replantearse las prioridades en este momento de la vida.
Tomarte un tiempo para ti mismo. Debes desconectarte de las actividades que te causan estrés con acciones tales como hacer ejercicio, ver una película, meditar, tomarte un café o leer un libro.
Ponerte límites. No te pongas exigencias excesivas. Solo incluye las actividades necesarias y que seas capaz de realizar en tu rutina diaria.
Busca apoyo. Si tienes la posibilidad de consultar un sicólogo, aprovéchala, pero si no, acude a tus amigos, familiares o vecinos. A veces solo contar, aliviana la carga. Y recuerda, esto también pasará.
