Un vecino ancestral que muchos malinterpretan es el cocodrilo.
En Puerto Vallarta no son una plaga ni invasores. Son los ingenieros de nuestros ecosistemas. Ellos controlan el equilibrio en manglares y esteros. Sus madrigueras conservan el agua en sequías, beneficiando a peces y plantas.
Son literalmente los arquitectos de la vida en Bahía de Banderas.
Sin embargo, el crecimiento urbano ha arrinconado sus hábitats. Al no tener espacio, se ven obligados a buscar otros de agua dulce. Por eso es que se ven ahora en ríos, donde antes no necesitaban estar.
En lugar de verlos como una amenaza, entendamos que somos nosotros quienes hemos construido encima de lo que fue su hogar.
Protegerlos no es darles mayor importancia que nosotros. Es aprender a compartir el territorio que también es suyo.
Su presencia no solo es vital para la salud de nuestros ecosistemas, sino que impulsa el ecoturismo, la investigación y la educación ambiental.
La próxima vez que escuchemos sobre un avistamiento, recordemos: no son el problema, son la señal de que nuestro paraíso aún está vivo y depende de nosotros asegurar que así siga.
Por la educación, la vida y el respeto, yo soy Sociedad Animal.
